En 1952, un grupo de guerrilleros cubanos —con la ayuda de un argentino conocido como el Che Guevara— se levantó en armas en contra del dictador Fulgencio Batista. Tras años de lucha armada, tomaron el poder en 1959 y el general Fidel Castro se proclamó presidente de Cuba. Una nación históricamente conflictiva por su riqueza geográfica. Grandes empresarios norteamericanos poseían la mayoría de los recursos de una isla prominente, con una cultura rica y milenaria. Potencias mundiales estuvieron interesadas en este territorio durante siglos, hasta que Estados Unidos se hizo de él.
Las promesas de un joven Fidel Castro se centraban en regresar la justicia social a sus conciudadanos, dejar de ser una tierra extractiva para los países poderosos y empezar a distribuir la riqueza. Con apoyo de la extinguida URSS, Cuba se convirtió en un modelo único en la región: abrazó el modelo social, político y económico soviético, con modificaciones propias. Para otros países de Latinoamérica se convirtió en un modelo a seguir, especialmente para aquellos que temían al injerencismo norteamericano y buscaban reafirmar su soberanía nacional.
Estados Unidos, preocupado por la afectación a sus intereses económicos, impuso restricciones económicas que asfixiaron a la isla para intentar evitar la prosperidad de su sistema único. Además, la ubicación geográfica de Cuba y su cercanía con la Unión Soviética provocaron una de las crisis más temibles en la historia reciente de la humanidad. En 1962 ocurrió la conocida crisis de los misiles: bases militares soviéticas se instalaron en Cuba con misiles apuntando hacia Norteamérica. Ante el miedo a una posible escalada nuclear, las potencias de ese momento negociaron. El presidente John F. Kennedy y Nikita Jruschov pactaron para evitar el estallido de otra guerra.
La caída de la Unión Soviética en 1989 debilitó a Cuba a tal grado que se intensificó el éxodo de sus habitantes. La crisis económica, social, alimentaria y energética ahogó a una isla gobernada por su dictador, Fidel Castro.
Al mismo tiempo, un incipiente general venezolano iniciaba una revuelta en su país, rico en petróleo. Hugo Chávez adoptó la ayuda de Castro para hacerse del gobierno de Venezuela e implantar otra dictadura afín a Cuba, que durante décadas proveyó petróleo a la isla.
La influencia de Cuba en países latinoamericanos le permitió sobrevivir en condiciones precarias, hasta que Donald J. Trump llegó al poder por segunda ocasión en 2024.
La administración de Trump dio un golpe geopolítico al capturar al sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, uno de los aliados más importantes para Cuba. Desde la muerte de los hermanos Castro y el ascenso al poder de Miguel Díaz-Canel en 2019, el discurso del gobierno cubano se había abierto a posibles negociaciones con Estados Unidos.
Con ese antecedente, a principios de 2026, tras la captura de Maduro y el cambio en la relación bilateral entre Venezuela y Estados Unidos, Cuba quedó prácticamente sola en el mundo, enfrentando una crisis energética que no puede resolver por sí misma. Además, su otro aliado histórico, Rusia, entró en un conflicto bélico con Ucrania que la ha debilitado.
Trump endureció su discurso de la mano de su secretario de Estado, Marco Rubio, descendiente de exiliados cubanos por el régimen castrista, en un intento por fortalecer su liderazgo en el hemisferio y en Latinoamérica. El aumento de presiones del gobierno estadounidense sobre países como Venezuela y Cuba, así como la constante amenaza de posibles intervenciones, ha incrementado la tensión en la región.
El presidente Díaz-Canel, al observar lo sucedido en Venezuela, anunció el 13 de marzo una conferencia importante en la que declaró estar dispuesto a negociar con Estados Unidos.
A ciencia cierta no se han revelado los acuerdos entre ambas naciones, pero de esta forma el actual gobierno cubano evita una intervención estadounidense, aunque acepta subordinarse a ciertos intereses. Estas declaraciones muestran el inicio del fin del régimen castrista que gobernó la isla durante casi siete décadas.
Estados Unidos ha optado en Venezuela por mantener a personajes chavistas en el poder, obligándolos a obedecer sus mandatos, al nombrar a la vicepresidenta Delcy Rodríguez como sucesora de Maduro. Parece que en Díaz-Canel se hace una apuesta similar a la de Delcy para evitar el destino de Maduro: mantenerse en el poder, pero gobernando para los intereses norteamericanos.
Cuba puede estar presenciando el inicio del fin de un sistema que obligó a millones a desplazarse durante décadas.
Las preguntas son: ¿qué le exigirá Donald Trump y existe la posibilidad de instaurar una democracia?



