El economista Francisco Suárez Dávila advierte que el proyecto requiere instituciones fuertes, inversión productiva, seguridad jurídica y confianza para dejar de ser un catálogo de buenas intenciones.
El Plan México puede tener objetivos correctos, pero difícilmente producirá resultados si el país no fortalece sus instituciones, recupera capacidad de inversión y genera confianza entre los inversionistas, advierte el economista y exsubsecretario de Hacienda Francisco Suárez Dávila.
En su artículo “Hacia el rescate del Plan México”, publicado el 13 de agosto, Suárez Dávila analiza el documento “La Transformación del Estado Mexicano para el Plan México”, elaborado por la reconocida economista Mariana Mazzucato a solicitud del Gobierno mexicano.
Suárez Dávila coincide con parte importante del diagnóstico de Mazzucato: para que el Plan México funcione se necesita fortalecer al Estado y sus instituciones, mejorar las capacidades de sus funcionarios y establecer una verdadera coordinación con el sector privado.
También señala un problema fundamental: México invierte poco y, además, canaliza mal buena parte de esa inversión, mientras enfrenta desigualdad regional, informalidad laboral y bajo contenido nacional en sus exportaciones.
Uno de los puntos centrales es la política fiscal. El autor cuestiona que, para reducir el déficit, se protejan los programas sociales mientras la inversión termina convirtiéndose en variable de ajuste. La inversión pública, sostiene, debe preservarse cuando los proyectos demuestren que pueden generar crecimiento y capacidad productiva, evitando destinar recursos a proyectos sin resultados.
Bancos ganan mucho, pero prestan poco
Otro señalamiento relevante está dirigido al sistema financiero.
De acuerdo con las cifras recogidas por Suárez Dávila, el crédito bancario destinado a la actividad productiva ronda apenas 30% del PIB en México, frente a 75% en Brasil y 50% en América Latina.
Además, considera necesario recuperar el papel de la banca de desarrollo —Nafin, Bancomext y Banobras— que actualmente representa apenas alrededor del 4% del PIB en crédito.
Más impuestos no necesariamente son la solución
Suárez Dávila se distancia, sin embargo, de Mazzucato cuando ésta propone ampliar el espacio fiscal mediante impuestos a la riqueza, herencias y ganancias de capital.
El economista considera que este tipo de gravámenes pueden recaudar poco, ser difíciles de administrar y provocar salida de capitales.
Y recoge una frase que resume el cuestionamiento: “no es aconsejable darle más recursos a un Estado que no sabe gastar”.
Sin Estado de derecho no habrá inversión
Pero quizá la advertencia más importante del artículo está relacionada con la confianza.
Suárez Dávila sostiene que existe una grave omisión en el planteamiento del Plan México: la inversión privada difícilmente llegará si no existen confianza y seguridad jurídica.
Para lograrlo considera indispensable fortalecer el Estado de derecho, la división de poderes, los organismos autónomos y contar con un Poder Judicial integrado por jueces profesionales producto de una carrera judicial y no, como señala críticamente, de una “tómbola electoral”.
Instituciones y contrapesos que, advierte, se han debilitado o desmantelado.
¿Rescatar el Plan México?
La conclusión de Francisco Suárez Dávila es contundente.
Si México continúa haciendo lo mismo y la respuesta consiste solamente en destinar mayores recursos fiscales que el gobierno no tiene, el Plan México seguirá siendo “un catálogo de buenas intenciones” que lleva dos años sin producir resultados tangibles.
Para el economista, todavía vale la pena rescatarlo, pero hacerlo requiere cambios de fondo en la estrategia de desarrollo del país.



