Washington y Nueva York.— En un mensaje televisado que buscaba recuperar terreno político, Donald Trump proclamó que su país está cerca de ganar la guerra contra Irán. Sin embargo, el tono del discurso no fue precisamente conciliador.
“Podemos declarar esta noche que estamos en curso para completar todos los objetivos militares muy pronto”, afirmó el mandatario, al asegurar que las capacidades militares iraníes han sido prácticamente desmanteladas.
Pero la declaración vino acompañada de una advertencia que elevó la tensión internacional: si Irán intenta reconstruir su programa nuclear, “los llevaremos de regreso a la edad de piedra”.
El mensaje estuvo dirigido principalmente al público de Estados Unidos, donde el conflicto ha comenzado a pasar factura. El aumento en los precios de la gasolina, la incertidumbre sobre el rumbo de la guerra y la falta de resultados claros han generado inquietud entre la población.
Encuestas recientes revelan que una mayoría de ciudadanos preferiría que su país se retire del conflicto, incluso si eso implica no alcanzar todos los objetivos planteados.
La presión no solo viene de la opinión pública. Sectores clave de su propia base política han comenzado a cuestionar la estrategia, especialmente después de que el propio Trump prometiera evitar nuevas guerras en el extranjero.
A más de un mes del inicio de las operaciones, el escenario dista del triunfo rápido que el presidente había anticipado. Los costos —políticos, económicos y militares— continúan creciendo.
A pesar de ello, Trump insistió en que su administración está negociando con Irán, algo que ha sido rechazado en repetidas ocasiones por el gobierno iraní.
El mandatario también defendió la intervención como una acción necesaria para la seguridad global, aunque expertos en inteligencia y aliados internacionales han mostrado escepticismo sobre las amenazas que justificaron la ofensiva.
Mientras tanto, en el frente interno, la situación tampoco es favorable. Fallos judiciales recientes han frenado proyectos clave de su administración y el Congreso no ha logrado avanzar en temas prioritarios.
Con elecciones intermedias en el horizonte, crecen las versiones de un posible revés electoral para el partido del presidente.
Aun así, Trump cerró su mensaje con optimismo, asegurando que la economía estadounidense es “la más fuerte en la historia” y prometiendo una pronta recuperación en los mercados y en los precios de la gasolina.
El discurso se dio el mismo día del lanzamiento de una misión espacial rumbo a la Luna, un evento que el mandatario utilizó como símbolo del supuesto liderazgo y fortaleza de su gobierno.
Sin embargo, entre promesas de victoria y amenazas contundentes, el mensaje dejó más preguntas que certezas.


