ESTADOS UNIDOS. — El presidente Donald Trump volvió a encender la polémica, ahora con una advertencia directa contra periodistas y propietarios de medios de comunicación por la cobertura de la Guerra en Irán.
A través de su plataforma Truth Social, el mandatario afirmó que ciertas publicaciones “deberían ser llevadas a cargos por traición” si difunden información que su gobierno considere falsa.
Las declaraciones surgieron luego de reportes retomados por medios estadounidenses, donde se señalaban posibles daños a activos militares de Estados Unidos en Medio Oriente. Trump negó tajantemente estas versiones y acusó a la prensa de fabricar información.
Entre los señalamientos, cuestionó directamente a The Wall Street Journal por una nota en la que se reportó que aviones de reabastecimiento habrían sido impactados por fuerzas iraníes en una base saudí. El mandatario rechazó ese escenario.
También desmintió versiones sobre el portaaviones USS Abraham Lincoln, luego de que circularan imágenes en redes que supuestamente lo mostraban bajo ataque. Según Trump, ese material fue generado con inteligencia artificial como parte de una campaña de desinformación.
“Sabiendo que la historia era falsa, generaron publicaciones cuyos autores deberían enfrentar cargos por traición”, escribió.
En Estados Unidos, el delito de traición está definido en la Constitución y se limita a actos muy específicos, como hacer la guerra contra el país o brindar apoyo directo a sus enemigos. Para que proceda, se requieren pruebas contundentes, testigos o confesión en tribunal.
Hasta el momento, no hay confirmación de procesos legales contra medios por estas declaraciones.
Sin embargo, el tema escaló cuando el titular de la Comisión Federal de Comunicaciones, Brendan Carr, advirtió que las cadenas podrían enfrentar problemas en la renovación de sus licencias si difunden información considerada falsa.
La administración analiza medidas como revisar concesiones del espectro radioeléctrico, auditar estándares de veracidad y aplicar sanciones administrativas.
Trump respaldó esta postura y aseguró que el uso de frecuencias públicas debería depender de la “veracidad” del contenido difundido.
Las reacciones no tardaron. La senadora Elizabeth Warren calificó el discurso como propio de gobiernos autoritarios y advirtió sobre riesgos para la libertad de prensa. En contraste, el republicano Ron Johnson defendió la libertad de expresión y rechazó cualquier intervención que limite el trabajo periodístico.
Organizaciones civiles también expresaron preocupación por el impacto de estas declaraciones, señalando que podrían debilitar la confianza pública en los medios y tensar aún más la relación entre prensa y gobierno.
En semanas recientes, ya se habían registrado medidas polémicas, como el retiro de credenciales a reporteros en eventos oficiales y restricciones a fotoperiodistas en el Pentágono tras la difusión de imágenes consideradas desfavorables del secretario de Defensa, Pete Hegseth.
El presidente también ha reiterado críticas contra The New York Times y otros medios, a los que acusa de difundir noticias falsas relacionadas con el conflicto en Medio Oriente.
Mientras tanto, el debate sigue abierto en Estados Unidos: ¿hasta dónde puede llegar el gobierno en su intento por regular la información sin afectar la libertad de expresión?



