“Este delirio nos hizo adoptar una visión dogmática de comercio libre y sin restricciones, incluso cuando algunas naciones protegían sus economías y subvencionaban sus empresas para minar a las nuestras: cerrando nuestras plantas, desindustrializando a gran parte de nuestras sociedades y deslocalizando millones de trabajos de todo tipo a otros continentes, dándole las llaves de nuestras cadenas de suministro a adversarios y rivales”, Marco Rubio.
Se celebró, del 13 al 15 de febrero, la sexagésima segunda edición de la Conferencia de Seguridad de Múnich, encuentro que reúne a los líderes de las naciones occidentales más importantes, en el que se debaten los retos a enfrentar en materia de seguridad internacional.
El discurso del secretario de Estado, Marco Rubio, fue considerado por especialistas en relaciones internacionales como emblemático. Rubio se explayó explicando la estrategia de seguridad y de relaciones exteriores de la administración de Trump, asegurando que la unidad entre Europa y Estados Unidos es fundamental para enfrentar los retos globales.
La visión del secretario republicano se da en un ambiente de constante tensión entre su país y sus históricos aliados por decisiones polémicas en materia de libre comercio y respeto a organismos internacionales por parte del presidente de Estados Unidos. Los constantes castigos con aranceles, las amenazas de intervención y los reproches en seguridad interior y exterior hacia naciones extranjeras se han agudizado en el segundo mandato de Donald Trump.
En el Foro de Davos, el actual mandatario acusó de débiles a sus aliados y amenazó con castigar a cualquiera que se alíe con China.
En el Foro de Múnich el tono cambió. Marco Rubio invitó a los países occidentales a una reflexión profunda y pidió una unidad estratégica, apelando a los valores culturales compartidos y a las tradiciones para enfrentar los retos globales. Hizo una crítica a los dogmas que se fundaron posteriores a la Segunda Guerra Mundial, conocidos como el nuevo orden mundial, y explicó que ciertas naciones no occidentales se saltaron las reglas, provocando un desequilibrio.
Con tono nostálgico y emotivo, Rubio invitó a Occidente a reconectar con su pasado para construir un futuro próspero. El discurso del secretario resulta fundamental para entender la visión mundial de la administración de Trump y la estrategia que utilizará para intentar reconfigurar el orden global.
“Bajo el mandato del presidente Trump, los Estados Unidos recogerán una vez más el testigo de la renovación y restauración, impulsados por una visión de un futuro tan orgulloso, soberano y vital como el pasado de nuestra nación. Y aunque estamos preparados, de hacer falta, para hacerlo por nuestra cuenta, preferiríamos y esperamos poder hacerlo junto a ustedes, nuestros amigos europeos”, explicó.
Marco Rubio recordó que la grandeza de Estados Unidos se debe en gran medida al desarrollo de Europa: su arte, su cultura, su religión y sus tradiciones heredadas. La filosofía griega, el derecho romano y la religión cristiana —señaló— contienen principios retomados por los padres fundadores para construir al país más poderoso del mundo.
“Fue aquí, en Europa, donde se plantaron las semillas de la libertad que cambiaron el mundo. Este fue el continente que nos dio el Estado de derecho, las universidades y la revolución científica, donde nacieron Mozart y Beethoven, Dante y Shakespeare, Miguel Ángel y Da Vinci, los Beatles y los Rolling Stones. Es aquí donde encontramos las arcadas de la Capilla Sixtina y las torres de la gran catedral de Colonia, estructuras que no solo dan fe de nuestro pasado o de la fe divina que inspiró estas maravillas, sino que son un preámbulo a lo que nos depara el futuro. Pero solo si aceptamos nuestro legado sin miramientos y nos enorgullecemos de nuestra herencia común podremos empezar a trabajar para imaginar y perfilar nuestros futuros económico y político”, señaló.
Contrario a los críticos del pasado occidental, Marco Rubio optó por resaltar los logros de las culturas predecesoras. En un ambiente intelectual rodeado de teoría crítica por las atrocidades cometidas en Occidente contra ciertos grupos y minorías, la administración de Trump se centra en persuadir a la humanidad de que no hay razón para avergonzarse: esta sería, según su narrativa, la cultura más civilizada y dominante en la historia de la humanidad.
Apelando a un cierto orgullo occidentalista, Rubio proclamó la grandeza del “nuevo siglo occidental”, pero advirtió que para que pueda realizarse es necesario reformar el orden global y sus instituciones. La actitud crítica de su gobierno en contra de los organismos internacionales fue matizada al afirmar que lo que necesitan es una renovación para que sean funcionales a los intereses de las regiones occidentales y no un impedimento para defenderse de otras potencias que amenazan el orden.
Rubio también lanzó advertencias al afirmar que no quieren aliados débiles, porque eso los debilita a todos. “Queremos aliados capaces de defenderse para que ningún adversario sienta la tentación de ponernos a prueba. Por eso no queremos que nuestros aliados estén anclados por la culpa y la vergüenza. Queremos aliados orgullosos de sí mismos y de su legado, que entiendan que somos herederos de la misma gran y noble civilización y que, con nosotros, estén dispuestos a defenderla”.
Con la bandera de la defensa de la gran civilización que —a su juicio— es Occidente, concluyó su participación invitando a sus aliados a fortalecerse, proteger sus economías de posibles enemigos, cuidar sus fronteras y optar por dar soluciones ante un orden global roto, en vez de lamentarse, para que juntos puedan salvar a Occidente de quienes buscan borrarlo de una vez por todas.



