El hermosillense es orgulloso de su tierra. No lo digo yo, lo dice la última encuesta de Hermosillo ¿Cómo Vamos?: 9 de cada 10 citadinos están felices con su ciudad. Una taquería como la del Coyote del Norte, en sí misma, garantizaba el éxito porque unió dos símbolos con los cuales los habitantes de la H se identifican plenamente: Carín León y los tacos de asada. Las expectativas crecían con la nueva marca del artista regional del momento cuando abrieron; el éxito fue rotundo: filas de espera, lleno total. El lugar gustó, una experiencia distinta; la principal crítica era hacia los precios, pero, fuera de eso, nadie dudaba de su identidad. Hasta que el polémico empresario Sebastián Chacón apareció en prensa.
En entrevista con Luis Alberto Medina cometió errores que han desatado una ola de críticas en las redes sociales, sobre todo en el inquisidor X, y si algo no se perdona en la H es insultar la inteligencia y los aires de grandeza. El historial de Chacón en el sector restaurantero de la ciudad es raro: algunos lo consideran un farsante de lo peor y otros, un genio; polariza, pero su mano en el Coyote del Norte no había afectado hasta que decidió aparecer en medios, y lo hizo para afectar la imagen de los tacos de Carín. Sobrado, prometió educar a los hermosillenses en la cultura de los tacos, porque él trae el concepto de la Bonvy —marca chilanga, exquisita, pero chilanga, al final—. ¡Hágame usted el favor! ¿Quién se cree para dar cátedra a quienes somos los reyes de los tacos de asada? Si de algo saben los hermosillenses es de buenos tacos de carne; ahora resulta que él sabe más que la sabiduría popular.
Y luego se mofa de sus críticos por los precios, pobreteándolos y minimizándolos; disque son un sector resentido que no sabe nada y no tiene capacidad adquisitiva. Se le olvida que son mayoría y que la fresada no es constante en su visita a los establecimientos. Presume de subsidiar los “tacos de autor”, que andan pasando los $300, como si le hiciera un flaco favor; si es tan generoso, que también nos diga cuánto le gana a cada uno de esos tacos, como si nos estuviera regalando algo.
La marca por sí misma generaba simpatías, pero los aires de grandeza le gustan a pocos y Sebastián Chacón parece no entenderlo. Si quiere abrir sus conceptos visionarios, adelante, pero, por el bien de la marca, que no venga a intentar enseñarle a los hermosillenses cómo se come un taco de carne asada, porque el chiste se cuenta solo.
Ya ha hundido una que otra marca y muchos han quedado decepcionados con este personaje; no vaya a cometer los mismos errores que tanto le achacan.



