La tensión entre Estados Unidos y Cuba volvió a encenderse este fin de semana tras declaraciones del expresidente Donald Trump, quien insinuó la posibilidad de “tomar el control” de la isla durante un discurso en Florida.
Desde La Habana, la respuesta no se hizo esperar. El presidente Miguel Díaz-Canel calificó las palabras como una amenaza directa y aseguró que la situación ha escalado a un nivel “peligroso y sin precedentes”.
El mandatario cubano lanzó un mensaje dirigido a la comunidad internacional, pidiendo atención inmediata ante lo que considera una posible agresión militar. También cuestionó si se permitirá una acción de ese tipo para beneficiar intereses específicos dentro de Estados Unidos.
Las declaraciones de Trump ocurrieron horas después de firmar nuevas medidas para endurecer las sanciones contra la isla, reforzando su política de presión. Además, reiteró su postura de que Cuba representa una amenaza para la seguridad estadounidense.
En su mensaje, Díaz-Canel sostuvo que Cuba no cederá ante ningún intento de intervención, asegurando que el país está preparado para defender su soberanía.
Mientras tanto, en la capital cubana se registraron movilizaciones frente a la embajada estadounidense, donde funcionarios y ciudadanos expresaron su rechazo a cualquier posibilidad de intervención. Entre los asistentes destacó la presencia del exmandatario Raúl Castro.
El contexto no es menor. La relación entre ambos países arrastra décadas de tensiones, marcadas por sanciones económicas, restricciones comerciales y diferencias políticas profundas.
El nuevo episodio abre un escenario de incertidumbre internacional, especialmente por el impacto que podría tener en la estabilidad regional si la confrontación escala.



