Froylán Gámez decidió estrenarse como crítico de la administración de Antonio Astiazarán. Primero descalificó el eslogan “Transformando Hermosillo”, reduciéndolo a un simple ejercicio de mercadotecnia. ¡Vaya descubrimiento! Como si la comunicación política no formara parte de cualquier gobierno moderno. ¡Qué capacidad de análisis tan profunda!
Pero lo verdaderamente sorprendente llegó después, cuando aseguró que la prioridad del alcalde fue construir un puente y no revisar los drenajes para evitar socavones.
¿En serio?
Bastaría recorrer el norte de Hermosillo para encontrarse con decenas de calles pavimentadas, vialidades rehabilitadas, obras hidráulicas y múltiples acciones que, acertadas o no, responden a demandas históricas de los ciudadanos. Se puede debatir si ha sido suficiente o si aún falta mucho por hacer, pero reducir toda una administración a un puente resulta, por decir lo menos, una crítica simplista.
Lo que sí llama la atención es que quien hoy pretende dar lecciones sobre prioridades pareciera haber olvidado las que tuvo cuando ocupó cargos públicos.
Como secretario de Educación, la dependencia que encabezó terminó envuelta en una investigación por presuntas irregularidades en el manejo de recursos públicos, un expediente que continúa abierto y sobre el cual las autoridades todavía no emiten una resolución definitiva. Mientras tanto, miles de estudiantes continuaron enfrentando escuelas con carencias, infraestructura deteriorada y rezagos educativos, mientras el magisterio mantuvo constantes reclamos durante buena parte de su gestión. Si de prioridades hablamos, habría que preguntarse cuáles fueron las suyas.
Y antes de eso, como funcionario de la Cancillería, formó parte de la misión oficial que trasladó a Evo Morales de Bolivia a México en 2019. Una decisión que fue presentada como un acto humanitario, pero que con el paso de los años quedó bajo una luz distinta conforme el expresidente boliviano comenzó a enfrentar investigaciones y procesos judiciales en su país, entre ellos acusaciones relacionadas con una menor de edad. Un episodio que, guste o no, forma parte de su trayectoria política.
Por eso cuesta trabajo tomar con seriedad sus cuestionamientos sobre las prioridades de otros.
Y todo esto deja la impresión de que sus críticas contra Antonio Astiazarán obedecen menos a una convicción que a una necesidad política: conseguir reflectores.
La realidad es que Froylán Gámez no ha logrado colocarse entre los aspirantes de Morena que hoy dominan la conversación rumbo a la candidatura al Gobierno de Sonora.
Ni siquiera dentro de su propio partido.
La prueba más evidente la dio la propia Célida López, quien hace apenas unos días habló públicamente de una contienda que, a su juicio, ya se concentra en tres perfiles: ella misma, Javier Lamarque y Lorenia Valles. La ausencia de Froylán en esa lista habló más fuerte que cualquier encuesta.
Incluso ya comienzan a escucharse versiones de que, si la gubernatura se vuelve inalcanzable, podría buscar la candidatura de Morena a la presidencia municipal de Hermosillo como premio de consolación.
Pero tampoco ese escenario parece sencillo.
En ese terreno aparecen perfiles como Paulina Ocaña y Fernando Rojo de la Vega que, al menos hasta ahora, parecen llegar con una mejor posición política y con un nivel de desgaste considerablemente menor. Ambos han construido su proyecto sin cargar con los negativos que hoy acompañan al exsecretario de Educación.
Al final, la discusión no es si Antonio Astiazarán construyó primero un puente o rehabilitó primero un drenaje.
La verdadera discusión es cuáles son hoy las prioridades de Froylán Gámez.
Porque mientras otros buscan convencer con propuestas, él parece más preocupado por encontrar reflectores. Mientras la contienda de Morena se define entre quienes realmente disputan la candidatura, él dedica buena parte de su tiempo a confrontar a un alcalde de otro partido. Y mientras debería estar consolidando apoyos dentro de Morena, opta por abrir frentes fuera de ella.
Paradójicamente, el único que hoy parece tener mal enfocadas sus prioridades es el propio Froylán.
Primero hay que resolver los pendientes propios y demostrar que se tiene la estatura para gobernar.
De lo contrario, el riesgo es terminar exactamente donde comenzó esta historia: hablando de los socavones… mientras el más profundo termina siendo el de su propio proyecto político.
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