Ken Salazar, Borderlands y México: memorias, diplomacia y lo incómodo de la seguridad en México

Odracir Espinoza Valdez
Odracir Espinoza Valdez
Abogado Penalista, Académico, Primer Fiscal Anticorrupción del País y Ex asesor Legal del Departamento de Justicia de EU en México.

El nuevo libro de Ken Salazar, Borderlands: My Fight for an Inclusive America, es una pieza política, diplomática y testimonial escrita por alguien que estuvo sentado en una de las sillas más delicadas de la relación bilateral. La edición en inglés fue anunciada para el 28 de julio de 2026 (que fue la que consultamos) y la versión en español para septiembre en México, de acuerdo con el comunicado del propio exembajador y su equipo. 

Yo trabajé con Ken Salazar y puedo decir algo que no es menor: es un político muy político, un diplomático de trato cuidadoso, con buena memoria y una enorme capacidad para leer el ánimo de sus interlocutores. No es un improvisado. Por eso, lo que escribe importa y lo hace con jiribilla. Por ello, precisamente también debe leerse con rigor: sus memorias son una versión privilegiada, no un expediente judicial, ni sentencia, ni nada por el estilo.

El resumen analítico del libro permite ubicar a mi punto de vista un postulado central: México aparece como origen histórico, socio económico, problema de seguridad, corredor migratorio, territorio afectivo y pieza indispensable para una futura arquitectura norteamericana (si indispensable). Salazar sostiene que seguridad, migración, infraestructura fronteriza, desarrollo regional y comercio forman un solo sistema, y que ningún gobierno puede atender una variable aislada de las demás (ojo como lo esta haciendo Trump). Esa es quizá la parte más seria del libro: México y Estados Unidos ya viven una integración de hecho, pero sin instituciones suficientes y consolidadas para administrarla.

El punto polémico está en su relato sobre Andrés Manuel López Obrador, la seguridad pública, la corrupción, la reforma judicial y el caso de Ismael “El Mayo” Zambada. Salazar afirma que su relación con AMLO se quebró por dos episodios: la llegada de Zambada y Joaquín Guzmán López a Estados Unidos, y su crítica pública a la elección popular de jueces. El primero lo presenta como una crisis de confianza y soberanía; el segundo, como una disputa sobre Estado de derecho, contrapesos e infiltración criminal. 

Aquí conviene separar emociones del derecho. Que un exembajador escriba que recibió comentarios de un empresario anónimo (susurrador) sobre la preocupación de AMLO por lo que pudiera decir “El Mayo” no prueba nada por sí mismo, pero crea polémica y simbra de nueva cuenta a la clase política actual. El libro incluye sospechas y comentarios de un interlocutor anónimo, pero no prueba suficiente para esa conclusión, pero insisto mete ruido.

La reacción del Gobierno mexicano ha sido defensiva. La Presidenta Sheinbaum sostuvo que la preocupación de AMLO no era lo que pudiera declarar Zambada, sino la posible participación de agencias estadounidenses en su captura y traslado. Dijo que el fondo era la injerencia y la violación a la soberanía, y pidió esperar el contenido completo del libro. Esa respuesta tiene sentido jurídico en una parte: si hubo operación no autorizada en México, el tema no es literario, es constitucional y diplomático como lo he dicho. Pero también hay un riesgo: usar otra vez la soberanía como escudo retórico para no discutir corrupción, policías débiles, fiscalías rebasadas y crimen organizado infiltrado en instituciones, es lo que debemos evitar, aprovechemos estos señalamientos para hacer pues, un análisis interno de cómo estamos en estos temas.

Salazar, por su lado, tampoco sale limpio de crítica. En su narrativa, muchas veces se coloca como quien advirtió a tiempo, como quien entendió la relación y como quien quiso salvar una alianza que otros rompieron (al final el escribió el libro, es su versión). Por ello, el texto tiene valor testimonial, pero no sustituye expedientes, comunicaciones diplomáticas, investigaciones judiciales ni fuentes independientes, que sería interesante conocerlas para saber si existieron, es información pública ¿o no? 

Su crítica a la seguridad mexicana es dura. En declaraciones públicas previas, Salazar dijo que México había “cerrado las puertas” a la cooperación y que negar la violencia no estaba basado en la realidad; también afirmó que “abrazos, no balazos” no funcionó y que el problema de crimen y corrupción era muy serio. En eso hay una verdad incómoda: la política social puede reducir reclutamiento, pero no reemplaza policías profesionales, fiscalías capaces, inteligencia financiera, control territorial, protección de testigos y cooperación internacional. Puso el punto sobre las íes: “Sin seguridad, no hay prosperidad”. 

La lectura jurídica breve es ésta: el Estado mexicano no debe responder al libro con enojo, sino con método. Si el libro contiene afirmaciones sobre posibles redes de corrupción, deben pedirse datos por canales formales. Si contiene críticas a la reforma judicial, deben contestarse con evidencia institucional: independencia, controles de financiamiento, evaluación de jueces y protección contra captura criminal (en caso que contemos con ello).

El riesgo es que el libro se convierta en munición política y no en oportunidad de corrección. Analistas han dicho que puede tener componentes de revancha, estrategia comercial y posicionamiento en la política estadounidense. Puede ser. Pero sería un error despachar todo como “libro de resentimiento”. Las memorias de un exembajador no son prueba plena, pero sí son señales de cómo Washington leyó a México desde adentro en ese periodo, eso es lo más destacado.

El Estado mexicano debería reaccionar con tres movimientos (porque apenas viene el libro en su versión en español): prudencia pública, exigencia diplomática y revisión y análisis interno. Prudencia para no convertir cada página en crisis. Exigencia para que Estados Unidos formalice cualquier información relevante que se señalé en el documento. Revisión y análisis interno para reconocer que la relación bilateral no puede depender de simpatías personales, sombreros, desayunos o puertas abiertas en Palacio, no más ese tipo de ejercicios. La cooperación necesita protocolos, canales de crisis, intercambio oportuno y respeto recíproco a la soberanía, ayer, hoy y siempre. 

Tres conclusiones sobre lo que viene del libro.

Primera: Borderlands reabrirá el debate sobre si México ha defendido soberanía o si la ha usado para ocultar debilidad institucional.

Segunda: La relación México–Estados Unidos entrará a una fase donde las memorias, filtraciones y expedientes penales van a mezclarse con seguridad, migración, T-MEC y elecciones como hasta el día de hoy, ya pasó el mundial, la tregua se acabó.

Tercera: La única respuesta digna no es descalificar a Salazar ni adoptar su versión completa, ni hacerle ghosting. La respuesta digna es construir Estado: investigar corrupción, profesionalizar seguridad y cooperar con reglas. Porque en la frontera entre memoria, sentimientos y el poder, lo que México no aclare con instituciones, otros lo escribirán en libros, cortes y expedientes extranjeros.

Más del autor

Columnas recientes

Últimas noticias

Síguenos

- Anuncio -

Columnas relacionadas

- Anuncio -

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí
Captcha verification failed!
La puntuación de usuario de captcha falló. ¡por favor contáctenos!