La tensión en Medio Oriente ya comenzó a golpear uno de los puntos más sensibles del planeta: la comida.
Desde Moscú, el funcionario ruso Alexander Maslennikov advirtió que el conflicto en la región podría detonar una crisis alimentaria global, por lo que propuso que los países del bloque BRICS comiencen a crear reservas conjuntas de alimentos.
El llamado no es menor. Una de las principales preocupaciones es el impacto en el Estrecho de Ormuz, una ruta clave por donde transitaba cerca de un tercio del comercio mundial de fertilizantes y que hoy permanece prácticamente cerrada.
Sin fertilizantes suficientes, el panorama se complica rápidamente.
Maslennikov explicó que aproximadamente la mitad de los alimentos del mundo dependen directamente de estos insumos, por lo que una escasez prolongada podría reducir hasta en 50% el rendimiento de los cultivos a nivel global.
El impacto sería inmediato en los bolsillos: menos producción, precios más altos y una presión inflacionaria que podría sentirse en prácticamente todos los países.
Además, advirtió que el número de personas que padecen hambre podría escalar hasta los 673 millones, una cifra que encendería alarmas en organismos internacionales.
En esa línea, instituciones como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Programa Mundial de Alimentos de la ONU ya han advertido que el aumento en los precios del petróleo, el gas y los fertilizantes —impulsados por el conflicto— terminará por encarecer los alimentos a nivel global.
Rusia, actualmente el mayor exportador de trigo del mundo, busca posicionarse como un actor clave en este escenario. Aunque reconoce que también enfrenta riesgos internos, el país ve una oportunidad para ampliar su presencia en mercados de Medio Oriente, Asia, África y América Latina.
El planteamiento ocurre en un momento estratégico: el presidente Vladimir Putin sostendrá reuniones con líderes internacionales, entre ellos el mandatario de Indonesia, Prabowo Subianto, donde la seguridad alimentaria podría convertirse en uno de los temas centrales.
Mientras tanto, países como Egipto, China e India —socios dentro del BRICS— se mantienen como destinos clave para las exportaciones rusas.
El mensaje es claro: si el suministro de fertilizantes no se estabiliza pronto, el mundo podría enfrentar una nueva sacudida económica, esta vez desde la mesa de millones de familias.



