Mientras Sonora sigue mirando al cielo esperando que regresen las lluvias, Baja California decidió voltear hacia el mar.
El Gobierno federal impulsa en Playas de Rosarito la que será la planta desalinizadora más grande de América Latina, diseñada para producir inicialmente 2,200 litros de agua potable por segundo, abastecer a cerca de un millón de habitantes y con una inversión estimada de 12 mil 861 millones de pesos.
No es una obra experimental. Es una decisión estratégica frente a un problema que Baja California comparte con Sonora: la escasez de agua en una región desértica que pretende seguir creciendo.
Y para Hermosillo debería representar una llamada de atención.
SONORA PUDO HABER SIDO PRIMERO
La historia tiene una enorme ironía.
Hace más de 25 años, durante el gobierno de Armando López Nogales, Sonora planteó precisamente construir una desalinizadora para resolver estructuralmente el abastecimiento de Hermosillo.
La propuesta avanzó hasta una convocatoria internacional y proceso de licitación, pero el agua terminó convertida en política. El proyecto enfrentó una fuerte oposición, particularmente del entonces alcalde de Hermosillo, Francisco Búrquez, y finalmente fue abandonado.
El propio López Nogales declararía años después que la desaladora se había “partidizado”.
Hoy resulta inevitable preguntarse:
¿Qué habría pasado si aquella obra se hubiera construido?
Probablemente Sonora tendría más de dos décadas de experiencia en desalación y sería hoy una referencia nacional.
Mientras Sonora discutió y politizó el proyecto, el tiempo pasó.
Y el problema permaneció.
EL MAR NO SE SECA
Hermosillo necesita dejar de resolver su abastecimiento pensando solamente en la próxima temporada de lluvias o en el siguiente sexenio.
Pozos, presas, acuíferos y trasvases tienen límites.
La desalación requiere inversiones importantes, energía y un manejo ambiental adecuado de la salmuera. Pero incluso esta última puede representar una oportunidad: puede convertirse en fuente para recuperar minerales y materias primas de valor, algunos potencialmente vinculados con tecnologías de almacenamiento de energía y baterías.
Por eso un proyecto para Hermosillo debería estudiar desde su origen la valorización de la salmuera como una posible línea adicional de negocio.
La visión podría ser mucho más ambiciosa que una simple desalinizadora:
un complejo industrial de agua, energía solar y aprovechamiento de minerales del mar.
Sonora tiene mar, territorio y una de las mejores condiciones de radiación solar del mundo.
Y la desalación tiene una diferencia fundamental frente a otras alternativas:
su fuente de abastecimiento no depende de que llueva.
LOS EMPRESARIOS DE HERMOSILLO DEBEN TOMAR LA INICIATIVA
Un proyecto de esta magnitud no debería depender exclusivamente del gobierno ni convertirse nuevamente en bandera electoral.
Los empresarios de Hermosillo tienen mucho que perder si la ciudad no garantiza agua para las próximas décadas.
Sin agua no hay industria, vivienda, inversión ni crecimiento.
Las cámaras empresariales, desarrolladores, industria, comercio, universidades y especialistas deberían sentarse en una misma mesa para impulsar un estudio integral de factibilidad técnica, financiera, energética y ambiental.
Determinar cuánto costaría producir y transportar agua desde la Costa de Hermosillo, qué capacidad debería tener la planta, cómo financiarla y cuál podría ser el aprovechamiento industrial de sus subproductos.
La iniciativa privada puede ser el detonador. Después deberán incorporarse Ayuntamiento, Estado, Federación y organismos financieros.
Pero alguien tiene que dar el primer paso.
DESALADORA + CARRETERA: LA OPORTUNIDAD PARA BAHÍA DE KINO
Una infraestructura de esta magnitud podría representar mucho más que agua para Hermosillo.
Puede convertirse en el proyecto que finalmente ayude a detonar Bahía de Kino como verdadero polo turístico.
El Gobierno de Sonora ya inició la modernización a cuatro carriles de la carretera Hermosillo-Bahía de Kino.
Ahora imaginemos:
carretera de cuatro carriles + agua garantizada + energía solar + infraestructura turística.
La ecuación cambia completamente.
Con disponibilidad de agua podrían desarrollarse hoteles, vivienda, restaurantes, comercios y proyectos inmobiliarios bajo una planeación sustentable.
Bahía de Kino podría dejar de ser solamente la playa de fin de semana de Hermosillo para comenzar a convertirse en un auténtico destino turístico del Mar de Cortés.
La misma infraestructura que garantizaría el futuro hídrico de Hermosillo podría convertirse en motor económico para toda su costa.
25 AÑOS DESPUÉS, LA MISMA DECISIÓN
Rosarito está haciendo hoy lo que Sonora intentó hacer hace un cuarto de siglo.
La diferencia es que ellos decidieron avanzar.
Sonora ya perdió 25 años discutiendo sobre el agua. No debería perder otros 25.
El mar está ahí.
La tecnología existe.
La energía solar también.
Rosarito demuestra que México está dispuesto a invertir miles de millones de pesos en desalación cuando el futuro de una región lo requiere.
Tal vez llegó el momento de desempolvar aquella idea que la política enterró y convertirla finalmente en un proyecto de ciudad.
Porque garantizar agua para Hermosillo ya no debería ser el proyecto de un gobernador, un alcalde o un partido.
Debería ser el proyecto de una generación.



