El Partido Verde (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT) echaron para abajo la reforma electoral presentada por la Comisión Especial instalada en Palacio Nacional. Por cuarta vez, la coalición Juntos Haremos Historia no logra ponerse de acuerdo en una reforma que se presentaría el día de hoy en la mañanera.
Hasta el momento, por los desacuerdos dentro de la coalición, no hay claridad sobre qué sucederá con la reforma. Las diferencias entre Morena y sus aliados legislativos son tantas que podría mantenerse el sistema electoral actual para las elecciones de 2027. Morena no cuenta con los votos suficientes ni en el Senado ni en San Lázaro para reformar la Constitución; necesita de sus aliados.
Desde hace semanas, la iniciativa electoral se convirtió en un campo de negociación política dentro del bloque gobernante. El PVEM y el PT han rechazado puntos clave del proyecto presidencial, especialmente la reducción del financiamiento público a los partidos y las modificaciones al sistema de representación proporcional, medidas que afectarían directamente su margen de maniobra electoral.
Aunque la Comisión Presidencial encabezada por Pablo Gómez presentó a Claudia Sheinbaum la propuesta final tras reuniones privadas en Palacio Nacional, la ausencia de consensos se mantuvo.
Partidos aliados intentan utilizar la reforma electoral como moneda de negociación política de cara a las elecciones de 2027.
Además, para el PT y el Partido Verde, la reforma pone en riesgo la supervivencia de partidos medianos y pequeños dentro del Congreso, afectándolos directamente.
Morena ha insistido en que el proyecto debe enviarse al Congreso aun sin acuerdos previos, bajo la lógica de que el debate legislativo permita construir consensos sobre la marcha. Sin embargo, la estrategia implica exhibir públicamente las fracturas internas de la coalición gobernante rumbo al proceso electoral de 2027.
La reforma electoral se ha convertido en una prueba de unidad dentro del oficialismo y en un cuestionamiento al liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Por ahora, la reforma vuelve a quedar en pausa y la coalición oficialista enfrenta uno de sus desacuerdos más relevantes desde que llegó al poder.


