Ciudad de México.— La presión ya no es discreta, es visible. La noche de este lunes, los coordinadores de Morena en el Congreso, Ricardo Monreal y Ignacio Mier, llegaron a Palacio Nacional para reunirse con la presidenta Claudia Sheinbaum en un momento donde el margen de maniobra se reduce.
El encuentro, según lo expresado por los propios legisladores, tiene como eje la revisión de la agenda legislativa pendiente. Sin embargo, en los pasillos políticos el tema que realmente pesa es otro: la reforma electoral sigue atorada.
El problema no está en la oposición tradicional, sino dentro del propio bloque aliado. El Partido del Trabajo ha puesto resistencia al llamado “plan B”, generando un freno que Morena no había previsto en este momento del calendario.
Monreal, al llegar al recinto, trató de bajar la tensión y apostó públicamente por la capacidad de negociación de Mier. Dijo confiar en que se alcanzarán acuerdos con el PT y el Partido Verde, aunque evitó dar detalles sobre las concesiones que podrían estar sobre la mesa.
Pero el tiempo no está del lado del oficialismo.
La Constitución establece un límite claro: cualquier reforma electoral debe aprobarse antes de que inicie el proceso electoral, lo que en la práctica deja como fecha tope el cierre de mayo. Después de eso, cualquier intento quedaría fuera de juego.
La pregunta ya no es si Morena quiere aprobar la reforma, sino si realmente puede hacerlo sin romper su propia alianza.
—¿Es posible que no se logre?— se le cuestionó a Monreal.
“Yo confío en que no”, respondió, aunque el tono dejó más dudas que certezas.
En política, cuando el reloj aprieta, los acuerdos suelen llegar… o las fracturas se vuelven evidentes.



