Ciudad de México.– El Clásico Capitalino terminó encendido… pero no precisamente por el futbol.
Pumas se quedó con el triunfo ante América en el Estadio Olímpico Universitario, gracias a un penal marcado en los últimos minutos que dejó más dudas que certezas y provocó reclamos inmediatos del conjunto azulcrema.
Durante gran parte del encuentro, las emociones brillaron por su ausencia. Ambos equipos apostaron por la posesión, pero sin profundidad ni contundencia. La primera mitad fue especialmente trabada, con escasas llegadas claras y mucho juego en medio campo.
La jugada más peligrosa de Pumas llegó tras una conexión entre Guillermo Martínez y Juninho Vieira. El ‘Memote’ peinó el balón, dejando solo al brasileño, pero su disparo terminó estrellándose en el poste.
Del otro lado, América tuvo en Keylor Navas a su principal obstáculo. El arquero universitario apareció en varias ocasiones para evitar la caída de su arco, frustrando los intentos más peligrosos de las Águilas.
Con el paso de los minutos, el equipo dirigido por Efraín Juárez comenzó a inclinar la cancha, empujado por una afición que no dejó de alentar en ningún momento.
Cuando todo apuntaba a un empate sin goles, llegó la jugada que cambió el partido.
En tiempo agregado, Guillermo Martínez ingresó al área y cayó tras un contacto con Cristian Borja. El árbitro dejó seguir la acción en primera instancia, pero el VAR intervino y llamó a César Arturo Ramos para revisar la jugada.
Tras observar la repetición, el silbante señaló penal.
Robert Morales tomó el balón y no perdonó desde los once pasos, desatando la euforia en Ciudad Universitaria.
La polémica no terminó ahí. En la última jugada del partido, América reclamó una posible mano dentro del área de Pumas, pero el árbitro decidió no marcar nada y decretó el final del encuentro.
El silbatazo final vino acompañado de reclamos, frustración y un resultado que seguramente dará de qué hablar en los próximos días.
Con este triunfo, Pumas se mete a los primeros puestos de la tabla, mientras que América se va con la sensación de haber sido perjudicado en un duelo que tuvo más controversia que espectáculo.



