Morena llega a la antesala del proceso electoral de 2027 con grietas internas. Por lo menos 10 desencuentros han sido ventilados en medios por disputas de candidaturas y posiciones, en un contexto donde se renovarán 20 mil cargos a nivel federal y local, incluyendo las 500 diputaciones federales.
Las tensiones aparecen en distintas regiones del país. En Zacatecas, el senador Saúl Monreal dejó abierta la puerta a buscar opciones fuera del partido si no hay “buen trato e inclusión”. En Guerrero, Félix Salgado Macedonio empujó su aspiración con el argumento de que los estatutos partidistas no pueden colocarse por encima de la Constitución. La crítica y los desencuentros surgen a partir de la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum y de la reciente reforma a los estatutos de Morena, que prohíbe la reelección de familiares con el objetivo de evitar prácticas de nepotismo.
En Tabasco, Adán Augusto López denunció “fuego amigo” tras señalamientos sobre patrimonio y presuntos vínculos con huachicol fiscal. En Campeche, la gobernadora Layda Sansores enfrenta un choque con legisladores locales que, según se documenta, la acusan de persecución y de impulsar cambios por intereses particulares.
En Veracruz, el diputado Sergio Gutiérrez Luna también se encuentra en las disputas internas, luego de responder a acusaciones relacionadas con contratos a familiares, que atribuyó a un intento de “fuego amigo”, en un entorno político donde la gobernadora Rocío Nahle es parte del mismo tablero.
En la Ciudad de México, el conflicto se expresa en forma de pleitos internos y mensajes cruzados. La senadora Juanita Guerra Mena acusó una maniobra de compañeras de bancada; y, en otra línea de choque, se registra el diferendo entre Julio Scherer Ibarra y Jesús Ramírez Cuevas, que escala al terreno de señalamientos por uso de recursos y redes de influencia.
En el centro del control partidista, la tensión también pasa por la dirigencia: Luisa María Alcalde y Ricardo Monrealaparecen en un jaloneo sobre la línea política y el discurso público del movimiento.
La conclusión es incómoda para el oficialismo: Morena entra al ciclo de 2027 con fuerza electoral, sí, pero con frentes abiertos dentro de casa. Y cuando el pleito es por candidaturas, el conflicto rara vez se queda en lo privado.


