Los gobiernos de algunos países de América Latina han estado cambiando de régimen, pasando de la izquierda populista a la derecha también populista que maneja como bandera de triunfo el combate a la inseguridad. Colombia es el ejemplo más reciente. Lo curioso es que el candidato ganador de la primera vuelta optó por catapultar la narrativa del efecto Bukele y los colombianos de todos los niveles compraron su discurso.
Diferentes encuestas colocan el rubro de la inseguridad y la violencia por encima del empleo, económico y hasta estilo del manejo político. La gente ya no pide grandes golpes al narco atrapando a líderes o destruyendo laboratorios, ahora el foco se centra en el combate de la autoridad de los delincuentes que tienen a la vuelta de la esquina.
Ya no es lo macro, sino lo micro lo que importa, por ello el discurso de Sheinbaum en su segundo informe le faltó ese ingrediente. El votante ya no se come aquello de que en diez o quince años mediante programas de apoyo a los jóvenes será posible reducir la violencia.
La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI del primer trimestre de este año revela que el 61.5% de los mexicanos de 18 años y más considera que vivir en su ciudad es inseguro. En zonas críticas como el noroeste o el centro del país, las cifras rozan el 80%.
La población se siente más vulnerable cuando visita un cajero (70%), en el transporte público y las carreteras en un 60% y la percepción de inseguridad se enclava también en lugares transitables oscuros, la preocupación de que el hijo no regrese cuando sale a una fiesta y sobre todo, que se vea inmiscuido con un tirador de la esquina.
Pudiera pensarse que la 4T tiene asegurado el voto duro gracias a los programas sociales, pero esta es una ilusión pues cada vez son más quienes saben que son derechos constitucionales que salen de sus impuestos y no de la bolsa de AMLO. La caída de la popularidad de Sheinbaum, así sean unos puntos, es un ejemplo de ello.
Aunado a ello, las encuestas siguen sosteniendo que la inseguridad pública ocupa el primer lugar como la de El Financiero que le otorga un 51% muy por encima de la corrupción (22%) y economía (16%). De hecho, la percepción negativa en el rubro se disparó del 56% al 66% en el último mes, mientras que un 62% considera insuficiente el combate contra el crimen organizado.
Entonces cuando escuchamos a Sheinbaum defender a Rocha tanto en el último discurso como en sus mañaneras, olvida que la población lo considera vinculado al narco (alrededor del 60% según todas las encuestadoras mexicanas y el mismo porcentaje considera que debe ser extraditado a EU), de allí que su discurso suene desfocalizado pues la calle ya la rebasó y juzgó al sinaloense.
Incluso cuando la presidenta habla de la injerencia de Estados Unidos en la política de México, sus palabras suenan huecas. Si lo han hecho o lo van a hacer en un futuro cercano, será sumamente difícil detectar su intromisión.
Vaya, el espionaje y la operación política norteamericana en suelo mexicano no es de ahorita, sino desde los cincuenta, cuando la CIA colocaba en su nómina secreta inclusive a presidentes mexicanos. Si en el pasado ha hecho falta que accidentes o filtraciones expongan a sus agentes para enterarnos de su presencia, pretender que hoy la calle se compre el purismo soberanista de Sheinbaum es, simplemente, otra batalla perdida contra la realidad.
El discurso de Sheinbaum no solo fue de balas y antiyanqui —sin mencionar a Trump—, sino que recordó que contamos con un sistema de salud mejor que algunos europeos (tal vez no mencionó a Dinamarca, del que tanto se ufanaba AMLO, por obvia lógica política); además, sobre la macroeconomía y la micro, la familiar, dijo que vamos bien, muy bien.
El mensaje fue dirigido, en primera instancia, a las estructuras de su partido, inyectándoles cohesión ideológica para poder medir y aceitar la movilización de Morena al convocar a las plazas públicas de cara a lo que se avecina. De allí que no manejara autocríticas sino triunfalismos y “medallas” del movimiento (el peso fuerte, las capturas macro, los programas sociales) para mantener compacta la disciplina partidista y justificar la defensa de figuras polémicas en los estados. Fue un discurso para mantener alineada a la tropa.
En segunda, fue dirigido al gran elector (AMLO) y al ala radical de la 4T. De hecho, se ha publicitado su llamada a Palenque el pasado jueves cuando recibió instrucciones. Y sí, repitió casi de manera idéntica el manual discursivo de su antecesor culpando al pasado (a Calderón y hasta subió a Fox), defendiendo la soberanía, priorizando los programas sociales sobre las policías locales y cobijando a gobernadores tan cuestionados como Rocha. Se le vio fuerte, poderosa, para evitar fisuras o acusaciones de “ablandamiento” por parte de sus detractores dentro de Morena.
Y, en tercer término, hacia los mercados e inversionistas locales y extranjeros para que no se asusten, insistiendo en presumir la estabilidad del peso y el orden macroeconómico. El objetivo era incidir en las calificadoras internacionales, enfatizando que el país está bajo control, las variables fiscales son estables y el gobierno tiene la fuerza política para mantener la gobernabilidad, sin importar el ruido que generen las crisis de seguridad locales o los roces con Washington.
La gente real, la que sufre la microviolencia diaria y a la que no le alcanza porque todo cada día está más caro, simplemente no estaba invitada a esa conversación o bien, poco le importó. ¿Usted escuchó su discurso de una hora en domingo a las diez de la mañana? Si es así, ya sabe de qué lado de la historia colocarse, sin olvidar lo que está pasando en países como Colombia en su elección presidencial.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
Correo electrónico:



