El aumento en los alimentos dejó de ser una percepción y ya se volvió una realidad diaria. Comprar lo básico cuesta más, y el golpe se siente directo en la despensa.
En las últimas semanas, varios productos han registrado incrementos importantes. El caso más evidente es el del jitomate, cuyo precio se ha disparado más de 120%, convirtiéndose en el principal factor detrás del encarecimiento de la canasta alimentaria.
A esto se suman otros productos de consumo cotidiano: el chile serrano, el limón y frutas como el melón también han subido de forma sostenida, mientras que la carne de res mantiene incrementos más moderados, pero constantes.
El problema no es solo qué sube, sino cuánto y qué tan rápido. De acuerdo con datos del INEGI, el costo de la canasta alimentaria aumentó 8.1% anual en zonas urbanas, por encima de la inflación general, que ronda el 4.6%.
Eso, en términos simples, significa que la comida se está encareciendo casi al doble de velocidad que el resto de los productos.
Hoy, para cubrir lo más básico, una persona necesita al menos 2,571 pesos al mes solo en alimentación. Pero si se suman gastos indispensables como transporte, vivienda o salud, la cifra sube a cerca de 4,940 pesos mensuales en ciudades



