El Foro Económico Mundial reúne a líderes de todo el mundo en diversos sectores. El evento es magno; asisten empresarios de alto calibre, mandatarios de las naciones más importantes del mundo, periodistas y personas altamente influyentes. Su objetivo es lograr entender, en voz propia de los protagonistas, hacia dónde se dirige el mundo. Se celebra en la ciudad de Davos, Suiza. Con largas jornadas se promueven ponencias, foros de discusión y entrevistas.
Este año está marcado por grandes cambios que han surgido desde el regreso de Donald Trump al poder. Temas como el futuro de Groenlandia, la escalada de los aranceles, la arbitrariedad expuesta por la nación más poderosa del mundo y la fragilidad de las organizaciones internacionales, entre otros, buscaban ser esclarecidos por quienes, al frente de sus naciones y empresas, enfrentarán estos retos.
Los reflectores estuvieron sobre el primer ministro de Canadá, Mark Carney, quien pronunció un discurso con resonancia en todo el mundo. La prensa lo exaltó, y es que el mandatario del vecino del norte de Estados Unidos fue claro: el mundo como lo conocíamos terminó. Muchas naciones, a las que denominó medianas, están a merced de la voluntad de las potencias mundiales. Para evitar esa fragilidad es necesaria la unidad de esas naciones, pues con su célebre frase —“si no estás en la mesa, estás en el menú”— explicó que los mecanismos de defensa internacionales están superados, por lo que es necesario implementar nuevos. Su discurso no se quedó en críticas pesimistas, pues propuso con esperanza reformar un sistema desgastado. Con claridad pronunció: “estamos en medio de una ruptura, no una transición”, y se mostró convencido de que “las potencias medias, como Canadá, no son impotentes. Tienen la capacidad de construir un nuevo orden que encarne nuestros valores: el respeto a los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados”.
Donald Trump tomó el estrado. Su show comenzó. Los espectadores estaban sumamente pendientes de su discurso. El mandatario de la nación más poderosa del mundo empezó a presumir los logros de su gobierno en política interna, para después exaltar el poderío de su país, y a sus críticos les dejó en claro que Estados Unidos siempre ha sido generoso con ellos, sobre todo con Canadá. Criticó a Europa por sus malas decisiones y por encaminarse, dijo, por la ruta incorrecta. La situación se tensó cuando decidió hablar de Groenlandia: solo pidió “un trozo de hielo”, un territorio que, afirmó, merece su nación por todo el bien que ha hecho históricamente. Trump reclamó a sus aliados lo malagradecidos que son, pues gracias a su país —sostuvo— ganaron la Segunda Guerra Mundial e impidieron el predominio comunista o nazi en el mundo.
Posterior a los dos discursos más relevantes en Davos, Trump anunció la integración de la Junta de la Paz, una organización internacional alterna a la ONU, liderada por Estados Unidos, que buscará facilitar los procesos de toma de decisiones de Donald Trump en el mundo. Diecinueve países la integran hasta el momento:
- Estados Unidos
- Argentina
- Paraguay
- Hungría
- Azerbaiyán
- Indonesia
- Kazajistán
- Marruecos
- Arabia Saudita
- Catar
- Egipto
- Turquía
- Jordania
- Israel
- Bahréin
- Pakistán
- Kosovo
- Armenia
- Bulgaria
La organización nació con el objetivo de determinar acciones concretas en Medio Oriente, aunque también sería utilizada para planificar decisiones en otras regiones del mundo.
En este marco, el secretario de Estado, Marco Rubio, presentó el proyecto Nueva Gaza, que consiste en que Israel obtenga ese territorio que actualmente ocupa Palestina y que ha sido gobernado por algunas agrupaciones fundamentalistas islámicas. La idea se centra en desarrollar una zona turística con altos rascacielos, hoteles con vista al mar e impulsar toda una región que se ha visto afectada por la guerra de Israel con agrupaciones que declaran ese territorio como palestino.
Críticos advierten que esta iniciativa podría representar otra forma de intervención e invasión a un territorio autónomo como Gaza, con el objetivo de apropiarse de sus recursos.
Las jornadas se intensificaron cuando Estados Unidos anunció su salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS), organismo del que había sido uno de sus principales promotores e inversionistas. Donald Trump argumentó falta de eficacia y desacuerdos constantes con sus lineamientos e ideas. Desde su primer mandato, en medio de la pandemia de covid, el mandatario estadounidense mantuvo tensiones con esta institución internacional. En este segundo periodo, hace unas semanas, su administración anunció cambios relevantes en la pirámide alimenticia que no coinciden con las recomendaciones de la OMS.
Otras participaciones relevantes en el Foro fueron las de Emmanuel Macron, presidente de Francia, quien condenó las tendencias imperialistas que dominan el ambiente internacional; Javier Milei, presidente de Argentina, que lanzó duras críticas al socialismo y se presentó como aliado de Estados Unidos; y He Lifeng, viceprimer ministro de China, quien defendió la globalización y las alianzas estratégicas, además de presentar a su país como un socio confiable en términos económicos y sociales. También destacó la intervención de Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, país en guerra con Rusia. El mandatario ucraniano condenó la inactividad de Europa y la débil defensa que, dijo, ha mostrado sobre territorios supuestamente aliados. Señaló además la pasividad frente al sufrimiento de Irán e instó a Europa a aprender a defenderse y a cooperar para salir de la crisis que desde hace años enfrenta su país. Advirtió que la amenaza rusa es real para todo el continente.



