CIUDAD DE MÉXICO. La disputa por tres consejerías del Instituto Nacional Electoral (INE) ya está en marcha y ha encendido el debate público.
En total, 405 aspirantes buscan uno de los espacios en el Consejo General. Sin embargo, detrás de la cifra aparece una preocupación: menos de 100 cuentan con más de una década de experiencia en materia electoral.
Aunque alrededor de 240 han trabajado en organismos electorales, muchos han ocupado cargos operativos o de menor nivel, lo que ha generado dudas sobre su preparación para asumir una responsabilidad nacional.
A esto se suma otro factor que comienza a pesar en el ambiente político: la presunta cercanía de varios perfiles con figuras de gobierno o partidos, particularmente con Morena.
Durante los próximos días, el Comité de Evaluación de la Cámara de Diputados será el encargado de revisar los perfiles. No obstante, también han surgido críticas sobre la integración de este comité, ya que algunos de sus integrantes han sido señalados por vínculos con el partido en el poder.
Buscan dar el salto al INE
Una tendencia que se repite es la participación de funcionarios electorales locales que buscan escalar al ámbito nacional. En total, 66 autoridades estatales están en la contienda.
De estos, 53 consejeros de 28 estados provienen de los llamados Oples, organismos encargados de organizar elecciones a nivel local.
La Ciudad de México concentra el mayor número de aspirantes. Entre ellos destacan perfiles con larga trayectoria dentro del órgano electoral local, así como voces críticas de decisiones recientes.
Sonora también presente
El estado de Sonora también figura en el proceso con tres aspirantes, todos con experiencia en instituciones electorales o en el ámbito público.
El contexto no pasa desapercibido, ya que la actual presidenta del INE, Guadalupe Taddei, es originaria de esta entidad, lo que ha incrementado la atención sobre los perfiles provenientes de la región.
Un proceso bajo observación
Con solo tres lugares disponibles, la competencia es intensa. Sin embargo, más allá del número de aspirantes, el debate se centra en la calidad de los perfiles y la independencia de quienes podrían llegar al órgano electoral.
En medio de señalamientos y expectativas, el proceso avanza bajo la mirada pública, en un momento donde la confianza en las instituciones electorales vuelve a colocarse en el centro de la conversación.



