El desafuero de Alejandro “Alito” Moreno no nació después de su ofensiva en Estados Unidos. El expediente ya existía. Lo que cambió fue la velocidad con la que Morena parece dispuesto a moverlo.
Y ahí está la pregunta: ¿Alito se adelantó porque sabía lo que venía o sus movimientos en Washington provocaron que Morena acelerara contra él?
La primera solicitud de desafuero fue en agosto de 2022 por enriquecimiento ilícito. De manera reforzada la Fiscalía de Campeche presentó otra vez en julio de 2025 la ahora solicitud vigente para retirarle el fuero por presuntos delitos de peculado, usurpación de funciones y extralimitación de facultades.
Es decir: el desafuero fue primero.
Pero durante meses el procedimiento avanzó lentamente.
Después vino la ofensiva de Alito en Estados Unidos. El dirigente nacional del PRI intensificó sus visitas a Washington, acusando al gobierno de Morena de autoritarismo y llevando incluso su confrontación con el INE ante instancias estadounidenses.
Y entonces comenzaron a moverse las fichas.
Morena analiza retirar a Hugo Eric Flores de la presidencia de la Sección Instructora y colocar en su lugar a Sergio Gutiérrez Luna, legislador cercano a Ricardo Monreal. Ese órgano será precisamente el encargado de analizar la solicitud de desafuero contra Moreno.
El cambio podría formalizarse el 30 de agosto, durante la plenaria de Morena, dejando el terreno preparado para septiembre.
Todo ocurre, además, en un momento particularmente sensible en la relación política con Estados Unidos, después de reportes periodísticos que señalan que Andrés Manuel López Beltrán, “Andy”, hijo del expresidente López Obrador, habría tenido problemas con su visa estadounidense.
Aquí es importante separar los hechos de la interpretación: el expediente contra Alito es anterior a su actual ofensiva internacional, por lo que no puede sostenerse que haya nacido como represalia.
Recordemos que más allá de cualquier pasión en la política hay cosas ciertas. Los campechanos exigen justicia por la serie de hechos que se le atribuye por su sucesora Layda Sansores quien incluso recordemos dio a conocer varias grabaciones de “Alito” en lo que podrían considerarse delitos.
Otra cosa que es cierta es que Alejandro Moreno “Alito” se ubica frecuentemente entre los legisladores y dirigentes con las percepciones más negativas del país. El propio Partido Revolucionario Institucional (PRI) bajo su mando llegó a registrar hasta un 85% de opinión desfavorable en sus encuestas nacionales.
Pero regresemos al desafuero. Su repentina aceleración sí abre preguntas.
Una posibilidad es que Alito conociera el riesgo y decidiera adelantarse: internacionalizar el conflicto y construir en Washington la narrativa de que cualquier acción en su contra sería persecución política. Es por ello las frecuentes visitas que ha hecho a embajadores anteriores y actuales.
La otra es que sus movimientos en Estados Unidos hayan terminado por cruzar una línea política y Morena decidiera desempolvar un expediente que llevaba meses prácticamente congelado.
Por eso la pregunta ya no es quién presentó primero el desafuero. Eso está claro.
La pregunta es:
¿Alito fue a Estados Unidos porque sabía que venían por él… o después de lo que hizo en Estados Unidos decidieron finalmente ir por Alito?
La respuesta es irrelevante. Lo importante es que Alito se mantiene como una de las principales voces de oposición. Y eso hay que reconocerle. Más allá de la moraleja del espejo de la culpa que dice que: “Quien sabe que falló y teme la verdad, suele convertir el reclamo en ofensa y la confrontación en ataque”. Al final, no le duele lo que le dicen, sino el verse descubierto.



