El problema del agua en México no solamente se observa en presas con bajos niveles, ríos con menor caudal o ciudades que enfrentan cortes en el suministro.
Una parte importante de la presión se encuentra bajo tierra.
México enfrenta un escenario preocupante en sus reservas de agua subterránea, luego de que el 44% de sus acuíferos presenta una disponibilidad media o negativa.
El dato refleja la presión que existe sobre uno de los recursos más importantes para el abastecimiento de millones de personas, las actividades agrícolas, la industria y el desarrollo de las ciudades.
Los acuíferos son formaciones geológicas que almacenan y transmiten agua subterránea. Durante décadas, su explotación ha permitido abastecer regiones donde el agua superficial es limitada o insuficiente.
Pero el problema aparece cuando se extrae más agua de la que puede recuperarse naturalmente.
La presión sobre el agua que no vemos
El agua subterránea suele permanecer fuera de la conversación cotidiana.
No siempre es visible como una presa, un río o una laguna, pero tiene una importancia enorme para numerosas comunidades y actividades económicas.
Cuando un acuífero comienza a perder disponibilidad, las consecuencias pueden sentirse durante años.
La extracción constante obliga, en algunos casos, a perforar a mayor profundidad para encontrar agua, incrementando los costos para los sistemas de abastecimiento y para quienes dependen de pozos.
También puede generar afectaciones en los ecosistemas y problemas relacionados con la calidad del agua.
El dato de que el 44% de los acuíferos del país tenga una disponibilidad media o negativa muestra que el problema no se limita a una sola región.
La presión sobre el agua subterránea se ha convertido en un reto nacional.
¿Por qué se sobreexplotan los acuíferos?
La sobreexplotación ocurre cuando la cantidad de agua que se extrae supera la capacidad natural de recuperación del acuífero.
Entre los factores que pueden aumentar esta presión se encuentran el crecimiento de las ciudades, la expansión de las actividades agrícolas, la demanda industrial, las sequías prolongadas y la disminución de las lluvias en determinadas regiones.
En México, el agua subterránea representa una fuente esencial de abastecimiento.
Por eso, el deterioro de los acuíferos puede convertirse en un problema que alcance directamente a los hogares.
Menos disponibilidad puede significar mayores dificultades para garantizar el suministro, especialmente en ciudades que dependen en gran medida de los pozos.
El problema no es solamente cuánta agua hay
La discusión sobre el agua suele centrarse en cuánto llueve.
Pero la situación de los acuíferos demuestra que la pregunta también debe ser cuánto se extrae.
Incluso en temporadas con lluvias, la recuperación de las reservas subterráneas puede requerir tiempo y depende de diversos factores naturales.
El crecimiento de la demanda puede avanzar más rápido que la capacidad de recuperación del agua.
Por ello, especialistas y autoridades han insistido durante años en la necesidad de mejorar la administración del recurso, reducir pérdidas, modernizar sistemas de distribución y vigilar la extracción.
El reto es enorme porque el agua no solamente se necesita para el consumo doméstico.
También sostiene actividades económicas y productivas.
¿Qué puede pasar si continúa la presión?
La reducción de la disponibilidad de agua subterránea puede provocar problemas cada vez más costosos.
Entre ellos se encuentran la necesidad de perforar pozos más profundos, elevar el gasto energético para extraer agua y buscar nuevas fuentes de abastecimiento.
En algunas regiones, la presión sobre los acuíferos también puede relacionarse con fenómenos como el hundimiento del suelo.
El desafío para México será reducir la dependencia de la extracción excesiva y encontrar formas de aprovechar mejor el agua disponible.
El 44% de los acuíferos con disponibilidad media o negativa deja una pregunta sobre la mesa: si la presión continúa creciendo, ¿alcanzarán las reservas subterráneas para responder a las necesidades de las próximas décadas?
La respuesta dependerá de las decisiones que se tomen ahora sobre el uso, distribución y conservación del agua.
Porque mientras la discusión pública sigue concentrada en las lluvias y las presas, una parte del problema continúa ocurriendo bajo tierra.



