CIUDAD DE MÉXICO.- México está creciendo a un ritmo que podría tener consecuencias durante décadas.
De mantenerse la velocidad de expansión económica registrada durante los últimos ocho años, el país necesitaría alrededor de 80 años para duplicar el tamaño de su Producto Interno Bruto (PIB), de acuerdo con un análisis de Alejandro Werner, exsubsecretario de Hacienda y Crédito Público.
La cifra contrasta de manera importante con el comportamiento registrado antes de los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación.
Según el análisis de Werner, si se toma como referencia el crecimiento promedio de los 18 años anteriores a la 4T, México habría requerido aproximadamente 42 años para duplicar su economía.
La diferencia no es menor.
Significa que, bajo un ritmo de crecimiento similar al observado en los últimos años, México necesitaría casi el doble de tiempo para alcanzar el mismo objetivo.
¿Qué significa crecer más lento?
La comparación permite dimensionar un problema que suele quedar escondido detrás de las cifras anuales de crecimiento.
Una economía que avanza poco no solamente produce menos en el corto plazo. También limita la capacidad para generar empleos, atraer inversiones, elevar los ingresos y financiar de manera sostenible políticas públicas.
Werner plantea que la diferencia se vuelve todavía más evidente cuando se proyectan ambos ritmos durante un periodo de 80 años.
Con las tasas de crecimiento observadas antes de la 4T, el PIB mexicano prácticamente se cuadruplicaría en ese mismo periodo.
Con el ritmo registrado durante los últimos ocho años, apenas se duplicaría.
El resultado, sostiene el economista, tendría efectos importantes sobre el desarrollo del país y el nivel de vida promedio de la población.
Werner atribuye el freno a decisiones económicas y políticas
Alejandro Werner, quien actualmente dirige el Georgetown Americas Institute, considera que la desaceleración mexicana no responde a un solo factor.
Desde su perspectiva, varias decisiones tomadas durante los gobiernos de la 4T terminaron afectando la inversión y reduciendo las posibilidades de un crecimiento mayor.
Entre los elementos que menciona se encuentra la estrategia económica aplicada durante la pandemia de Covid-19.
De acuerdo con su análisis, México implementó una respuesta fiscal menos expansiva que otras economías, lo que habría limitado el impulso para la recuperación posterior.
La política energética también afectó la inversión
Otro de los puntos señalados por Werner es la política energética.
Las modificaciones realizadas en los sectores eléctrico, petrolero y gasífero generaron incertidumbre entre inversionistas privados y, según el exfuncionario, terminaron frenando proyectos que podían haber contribuido a ampliar la capacidad productiva del país.
El problema no se habría limitado a las empresas directamente relacionadas con la energía.
La incertidumbre en este sector también habría generado obstáculos para otras actividades productivas que necesitan electricidad, combustibles e infraestructura energética para operar y expandirse.
A esto se sumaron, de acuerdo con Werner, dudas sobre cambios tributarios y regulatorios.
México no habría aprovechado algunas oportunidades internacionales
El exsubsecretario de Hacienda también cuestiona que México no haya aprovechado completamente algunas condiciones favorables que aparecieron en los mercados internacionales.
Uno de los ejemplos que menciona es el incremento en los precios de los metales.
El país pudo haber utilizado ese escenario para atraer más capital e impulsar proyectos mineros, pero, desde su perspectiva, las condiciones internas no permitieron aprovechar plenamente esa oportunidad.
El resultado fue una combinación de menor inversión, incertidumbre y un crecimiento económico por debajo del potencial del país.
“Un proyecto político que se contrapone con la inversión”
Werner considera que el cambio de un crecimiento bajo a uno todavía menor no puede explicarse únicamente por factores externos.
“El movimiento de un crecimiento bajo a uno muy bajo fue producto de un proyecto político que se contrapone con la inversión y el crecimiento”, señaló.
El economista también cuestionó una mayor presencia del Estado en la economía y lo que considera una pérdida de eficiencia dentro de la administración pública.
Desde su perspectiva, privilegiar la lealtad política sobre la competencia profesional dentro del gobierno también tiene consecuencias económicas.
La pregunta es cómo repartir mejor el ingreso sin frenar el crecimiento
El análisis de Werner no plantea que México deba abandonar las políticas destinadas a reducir la desigualdad.
Por el contrario, considera que era posible avanzar en la redistribución del ingreso sin sacrificar el crecimiento económico.
Su propuesta parte de combinar ambos objetivos.
Una reforma tributaria progresiva, una ampliación de los programas sociales y aumentos al salario mínimo podrían, desde su perspectiva, mejorar la distribución del ingreso y al mismo tiempo mantener condiciones favorables para la inversión.
El problema, sostiene, no sería necesariamente gastar más en política social, sino encontrar una forma de hacerlo sin generar obstáculos para la actividad productiva.
El reto: crecer y repartir mejor
México enfrenta así una discusión que va más allá de los resultados de un solo año.
El crecimiento económico determina buena parte de la capacidad del país para generar empleos, aumentar los salarios, financiar servicios públicos y mejorar las condiciones de vida.
Pero el crecimiento por sí solo tampoco garantiza que los beneficios lleguen de manera equitativa a la población.
La discusión planteada por Werner se encuentra precisamente en ese punto: cómo conseguir una economía que crezca a mayor velocidad sin regresar a un modelo en el que los beneficios se concentren en unos cuantos.
80 años contra 42: la diferencia que pone el crecimiento bajo la lupa
El dato que resume el análisis es contundente.
80 años para duplicar la economía con el ritmo registrado durante los últimos ocho años.
42 años tomando como referencia el crecimiento promedio de los 18 años anteriores a la 4T.
La diferencia representa casi cuatro décadas adicionales para alcanzar el mismo objetivo.
Y si las tasas anteriores se mantuvieran durante 80 años, México prácticamente cuadruplicaría el tamaño de su economía.
Por eso, para Werner, el verdadero debate no está únicamente en cuánto crece México este año, sino en qué ritmo de crecimiento necesita mantener durante las próximas décadas para mejorar de manera sostenida el nivel de vida de su población.
El planteamiento vuelve a colocar sobre la mesa una discusión que divide a economistas y gobiernos: ¿México puede redistribuir más sin crecer más, o necesita primero recuperar velocidad económica para sostener sus políticas sociales?



