Hermosillo, Sonora.— María Dolores del Río buscó la candidatura al Gobierno de Sonora y, después de que Morena eligiera a Lorenia Valles como coordinadora estatal, anunció su regreso a la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno. Su reincorporación abre una pregunta: ¿la separación fue un compromiso efectivo o una pausa para competir con el puesto asegurado?
El pasado 15 de abril, El Sol de Hermosillo publicó la advertencia de Alfonso Durazo bajo un encabezado contundente: los funcionarios en Sonora deberían renunciar si buscaban otro cargo. El gobernador respaldaba el criterio de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la separación de servidores públicos con aspiraciones electorales.
Del Río optó por una licencia. En junio hizo pública su intención de buscar la gubernatura y confirmó que dejaría temporalmente la dependencia para participar en el proceso interno de Morena.
La coordinación quedó en manos de Lorenia Valles. Ahora, Del Río informó en Facebook que retomó sus actividades y agradeció a Rodolfo Flores por encabezar provisionalmente la Secretaría durante su ausencia.
La secuencia permite cuestionar si hubo una simulación política: salir del gobierno para buscar una candidatura y recuperar el mismo puesto cuando la aspiración no prospera. Bajo esa lectura, el cargo público funciona como respaldo para quien decide competir.
Aunque el encabezado de abril hablaba de renuncia, la información también contemplaba solicitar licencia. El regreso no demuestra por sí solo un incumplimiento formal, pero deja abierta la discusión sobre el alcance real de la exigencia del gobernador.
Durazo debe aclarar si su llamado suponía una separación definitiva o si bastaba con dejar temporalmente la oficina y regresar después de la competencia partidista.
La explicación cobra mayor relevancia porque Del Río vuelve precisamente a la dependencia encargada de promover la integridad y el buen gobierno. ¿Cuánto compromiso había detrás de su separación y cuánto de simple trámite para perseguir una aspiración personal?



