El libro Polarización, sociedad y algoritmos, escrito por Antoni Gutiérrez-Rubí y publicado por la editorial Siglo XXI, ofrece una radiografía de las nuevas generaciones. A través de grupos de conversación realizados en Madrid y Barcelona, así como de estudios en varios países, la obra incorpora la voz de expertos en distintas áreas para analizar los fenómenos culturales de los centennials y la generación Z.
Gutiérrez-Rubí clasifica a la generación Z como aquellos nacidos entre 1995 y 2012; actualmente tienen entre 13 y 30 años. Personas que ya ejercen un impacto importante en la vida política, económica y social en todo el mundo.
Los principales hallazgos sobre las características y comportamientos de estos jóvenes que recoge la investigación son:
- Desencanto en países desarrollados. Estas generaciones están insatisfechas con el presente y miran con pesimismo el futuro. Según el Reporte Mundial de la Felicidad, la generación Z es la menos feliz en países de América del Norte, Oceanía y Europa.
- Menor apego a la democracia. El estudio de Latinobarómetro reveló que casi la mitad de los menores de 25 años siente indiferencia ante esta forma de gobierno.
- Cultura de la cancelación. Se consideran víctimas de ella, pero también están dispuestos a cancelar a otros. Ha aumentado, por ejemplo, el número de estadounidenses que descartan asistir a una cita por motivos políticos.
- Brecha creciente entre hombres y mujeres. La diferencia de posturas nunca había sido tan marcada en otro grupo generacional. Las mujeres tienden a ser más progresistas, mientras que los hombres giran hacia el conservadurismo. Cada vez chocan más en temas como igualdad de género, inmigración o cambio climático.
- Tendencia antisistema. Votan por quienes rechazan a las élites gobernantes, más que por afinidad ideológica tradicional.
- Hijos de la incertidumbre. La generación Z nació y creció entre dos grandes crisis: la recesión de 2008 y la pandemia de COVID-19, además del avance de la inteligencia artificial. Este contexto genera ansiedad frente a su futuro laboral y ambiental. Es una generación diversa, con fuerte énfasis en la individualidad, a veces en detrimento del sentido de comunidad.
- Aumento de la soledad no deseada. Muchos jóvenes se sienten solos, aunque no lo deseen. Esto incrementa riesgos en salud mental y, en lo social, puede favorecer la adopción de posturas extremas.
- Epidemia de burnout. Los jóvenes rechazan que el trabajo invada su vida personal, pero al mismo tiempo se muestran insatisfechos con sus empleos. El desgaste proviene de intentar sostener metas laborales y personales en un entorno económico adverso y con expectativas de futuro más limitadas.
- Consumo informativo en redes sociales. El ecosistema mediático cambió para esta generación: se informan principalmente a través de Instagram, YouTube o TikTok. Confían más en los influencers que en periodistas o medios tradicionales, lo que los vuelve más vulnerables a la desinformación.
- Influencers como actores clave. Siguen a múltiples creadores de contenido y pasan varias horas al día consumiéndolo. Son más influenciables y su capacidad de atención y análisis tiende a deteriorarse.
La investigación de Antoni Gutiérrez-Rubí está disponible en librerías y en internet. El autor es consultor político y colaborador en diversos medios de España y Latinoamérica, especializado en el estudio de los millennials en la región.



