Infantino prometió transparencia. Nos dio el Mundial más caro de la historia.
Boletos que iban a costar 1,550 dólares terminaron en casi 11 mil. Reventa hasta en 5,900 por entradas de 1,595. Legisladores de EU protestaron. Infantino respondió: “son más baratos que cualquier final en Estados Unidos.”
Miles de aficionados mexicanos, sin poder ver a su propia selección en su propio país.
¿Y la Liga MX? Silencio total. Ni un comunicado.
Cuando subir precios en tiempo real como boleto de avión se vuelve modelo de negocio aplaudido, y nadie con poder lo cuestiona, la corrupción ya no se esconde: se administra.



