Abril Escobosa y la valentía de ponerle palabras al miedo
Hay historias que llaman la atención por lo que una persona consigue, y otras por lo que decide hacer con lo que sabe. Ésta es la historia de Abril Escobosa, originaria de Hermosillo y formada en Biología Molecular y Celular, con especialización en Educación, en la Universidad de California, Berkeley.
Pudo concentrar su camino en la ciencia, pero decidió mirar hacia un momento que suele quedar fuera de los grandes discursos de salud: cuando un niño escucha por primera vez el nombre de una enfermedad que no comprende. Así nace La Enciclopedia de mi Primer Diagnóstico, una propuesta que reconoce que detrás de un diagnóstico de leucemia, diabetes, epilepsia, fibrosis quística o distrofia muscular de Duchenne, también existe una dimensión emocional: miedo, incertidumbre y la necesidad de entender qué está pasando.
Los adultos solemos pensar que proteger a un niño significa evitarle información dolorosa. Abril plantea algo diferente: proteger también puede significar explicar. Su proyecto parte de una idea sencilla: comprender disminuye el miedo ante lo desconocido.
Y aquí encuentro una coincidencia profunda con algo que he defendido durante años desde la protección civil y la gestión del riesgo: quien comprende lo que está ocurriendo está mejor preparado para enfrentarlo. Eso aplica ante un incendio, un desastre, una emergencia y también ante una enfermedad; porque prevenir no es solamente evitar que ocurra una tragedia, sino preparar a las personas para enfrentarla con mayor conocimiento, serenidad y capacidad de respuesta.
La ciencia traducida al idioma de un niño
Lo fascinante de esta enciclopedia no es solamente lo que explica, sino cómo decide explicarlo. Abril no pretende convertir a los niños en pequeños médicos, sino transformar conceptos complejos en historias que puedan comprender. Títulos como Lo Más Colorido Sobre la Leucemia, Lo Más Dulce Sobre la Diabetes, Lo Más Eléctrico Sobre la Epilepsia, Lo Más Fuerte Sobre la Distrofia Muscular de Duchenne y Lo Más Pegajoso Sobre la Fibrosis Quística muestran una manera distinta de acercarse a la enfermedad. La célula, el órgano, el tratamiento y el funcionamiento del cuerpo dejan de ser conceptos exclusivamente médicos para convertirse en elementos que un niño puede imaginar, relacionar y preguntar.
Y eso no es sencillo: explicar lo complejo sin deformarlo requiere dominarlo; hacerlo sin infantilizarlo requiere entender cómo aprende y cómo procesa el miedo. Ahí es donde la formación de Abril cobra especial sentido: ciencia y educación se convierten en las dos partes de un mismo proyecto.
Pero quizá sería un error mirar esta iniciativa solamente como un proyecto editorial. Los libros son el vehículo; el verdadero proyecto es acompañar. La misión de Abril puede resumirse en una frase poderosa: que ningún niño y su familia pasen solos por su diagnóstico. Así, cada libro ES una herramienta para que un padre converse con su hijo, para que un profesional explique y para que un niño pueda preguntar qué está pasando. Sobre todo, puede devolverle algo que el miedo suele quitarle a cualquier paciente: la sensación de comprender y tener cierto control sobre lo que está viviendo.
La Enciclopedia no sustituye al médico ni al tratamiento, ni pretende hacerlo; complementa algo que también forma parte de la atención: la comunicación humana. Y aquí encuentro una poderosa expresión de la resiliencia, un concepto que he defendido durante años desde la prevención y la gestión del riesgo: no se trata solamente de resistir, sino de contar con herramientas para comprender, adaptarse y seguir adelante. Cuando un niño entiende qué está pasando dentro de su cuerpo, disminuye la incertidumbre y, con ella, parte del miedo. No significa que deje de sentirlo ni que un libro cure una enfermedad; significa algo más humano: que deja de enfrentarse a lo desconocido completamente solo. Y eso también es atención, prevención y resiliencia.
Explicar también puede ser una forma de cuidar
Cuando Abril dio su primera conferencia confesó que estaba nerviosa, pero al comenzar a hablar recordó por qué había iniciado este proyecto. Detrás de Berkeley, la biología molecular, las ilustraciones y los libros hay algo mucho más sencillo: una joven que decidió que ningún niño debería sentirse solo frente a una enfermedad que no entiende. Y eso merece ser reconocido e impulsado, porque hospitales, universidades, escuelas, pediatras y familias pueden encontrar en esta iniciativa una herramienta para abrir conversaciones difíciles y hacer más humano el proceso de enfrentar una enfermedad.
Desde mi perspectiva, ahí está el verdadero valor de Abril Escobosa: no solamente está estudiando ciencia, está aprendiendo a convertirla en servicio, y cuando el conocimiento se convierte en una herramienta para disminuir el miedo de alguien más, la ciencia adquiere su dimensión más humana.
Porque algunas veces la primera medicina que necesita un niño no es una pastilla, sino que alguien se siente a su lado, le hable con la verdad que puede comprender y le diga: “Vamos a entender esto juntos.” Y quizá ésa sea la mayor lección de Abril: que explicar también puede ser una forma de cuidar.https://abrilescobosa.com/



