El circo de las visas, Andy y el Zócalo

EN LAS LLAMADAS ASAMBLEAS informativas de Morena —un formato que heredaron de las campañas internas y que se ha vuelto el sello distintivo de los operadores del movimiento para mantener presencia territorial— suelen generar un cóctel muy peculiar de arenga política, pedagogía militante y catarsis colectiva, dependiendo de quién encabece el templete.

La narrativa gira en torno a tres bloques. El que se tiene más a la mano apunta contra los medios tradicionales, columnistas y figuras de comunicadores, a quienes despotrican y tachan de “enemigos constantes”, “traidores a la patria” y de “estar al servicio de los intereses de los Estados Unidos”, la “maldita derecha” que no acepta haber perdido sus privilegios y busca descarrilar a la 4T.

En el segundo se repite una y otra vez la necesidad de mantenerse unidos, cerrar filas y no bajar la guardia frente a las críticas económicas o políticas, recordando de forma simplona, sin profundidad, que las reformas estructurales o las decisiones del gobierno federal enfrentan resistencia, y reforzando la idea de que están viviendo una lucha histórica como pueblo organizado contra las élites corruptas del pasado.

Y en el tercero ya manejan la necesidad de movilización, de “salir a la calle” como un deber patriótico para defender los logros hasta hoy alcanzados. Les instan a estar alertas ante cualquier intento de ruptura institucional promovida por los enemigos de México —tanto externos (Estados Unidos) como internos— y se les convoca a estar atentos para saltar a la arena pública al menor llamado.

Estos encuentros, que según esto suman 202 solo el fin de semana, pero que serán permanentes y que por cierto no se ven en redes sociales ni con la difusión propia en medios como para creer las cifras que presumen, pueden ser un bluf, (en Sonora, según esto van setenta de noventa programadas), sin embargo, sirven como válvulas de presión ideológica al alimentar el fortalecimiento como base de lucha, abonar a la pertenencia y otorgarles el objetivo de confrontación contra los adversarios que no piensan como ellos.

Obviamente ya tienen planeada una gran manifestación en el Zócalo para demostrar músculo, como siempre. A mí me gusta el dos de octubre, fecha que “no se olvida” pero que también marcó el nacimiento de Morena como partido en 2011; es la más lógica. Intentan sembrar el paroxismo en su máxima expresión, tal como lo promovió Noroña al señalar que fuerzas oscuras quieren dar un golpe de Estado. Por favor.

Y como diría López-Dóriga: “todo por una pinche visa”. Curioso: los representantes legislativos del PT y del PVEM se desmarcaron de lo ocurrido a Andy al señalar que es un ciudadano más, no un funcionario a quien haya que cobijar, y remataron que no piensan meter las manos a la lumbre por el hijo de AMLO, ante la mirada aprobatoria de la oposición que está como cuchillito de palo en la tribuna de San Lázaro.

Pero ¿qué hay detrás de estas asambleas promorenistas, los desfogues carteriles de Andy/AMLO o el cobijo de Sheinbaum? De entrada, y por lo que se ve a simple vista, es intentar bajarle dos rayitas a la cultura que ha permeado en la mayoría de los mexicanos cuando del retiro de una visa se trata: es decir, justificar el hecho bajo la presunción de que el afectado ha hecho algo malo. Esto les deja a los gringos todo el sartén por el mango para utilizarlo contra cualquier candidato morenista, y más si es a gobernador.

El detalle es que la contranarrativa morenista requiere tiempo para cambiar esa percepción, y no lo tienen, pues ya casi colocan en el cristalero a sus candidatos. Por el otro lado, y con esa gota negra que poco a poco perfora la piedra, los trumpistas están obligados a reforzar su posición con una contraofensiva, “soltando” por la vía que mejor les plazca más nombres de políticos morenistas ligados al narcoterrorismo. Avivarán la cultura impuesta.

No por nada destaca la frase de Christopher Landau (subsecretario de Estado adjunto de EE. UU. y apodado en redes como “El Quita Visas”), quien avivó la polémica política tras la revocación del documento a Andy y la subsecuente carta de este último dirigida a Trump, cuando publicó en su cuenta oficial de X:

“¿Están disfrutando del espectáculo? Rellenen sus palomitas, van a amar la siguiente parte”.

Así, aumentan las especulaciones de que será el mismo ex presidente López Obrador quien saldrá a las calles a avivar a las multitudes para defender la soberanía —una de las tres causales que dijo que le harían regresar de su anonimato— pero, como inminente sombra pública del poder (si de por sí), su aparición obligaría a una reconfiguración de las reglas no escritas que pegarían de lleno en la desgastada diplomacia bilateral que México sostiene con Estados Unidos, y habría que avizorar las consecuencias para lo cual no hay que ir muy lejos.

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…                                                                                                                                                                                                                                  
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