La disputa por el voto opositor en Sonora podría definirse por una cuestión que va más allá de las siglas partidistas: ¿quién será capaz de construir un mensaje disruptivo que llegue a todas las clases sociales y exhiba la realidad del gobierno de Alfonso Durazo? ¿Quién podrá contrastar los hechos con la ficción, cuestionar las mentiras, denunciar los abusos y exhibir la enorme distancia entre el Sonora profundo que presume el gobierno y el que realmente viven los ciudadanos? Antonio Astiazarán y Luis Donaldo Colosio Riojas enfrentan el mismo desafío: demostrar hasta dónde están dispuestos a confrontar al poder.
La última encuesta de Parámetro Investigación, del 10 de octubre, coloca a ambos como los principales perfiles opositores rumbo a la gubernatura. En el careo electoral, Lorenia Valles obtiene 35.1%, Antonio Astiazarán 34.6% y Luis Donaldo Colosio 15.8%. Toño aparece prácticamente empatado con Lorenia, dentro del margen de error, mientras Colosio está considerablemente abajo. La diferencia es que Astiazarán lleva años construyendo su presencia política en Sonora y Colosio apenas comienza a recorrer el estado.
Colosio tiene un activo indiscutible: su apellido. El nombre de Luis Donaldo Colosio Murrieta sigue presente en la memoria de los sonorenses, pero una cosa es heredar un nombre y otra construir una identidad política propia. Tendrá que demostrar qué representa y responder a las enormes expectativas que despierta su figura. Las primeras semanas de campaña permitirán medir la consistencia de su discurso.
Astiazarán tiene otras cartas: obras, proyectos y resultados de su gobierno en Hermosillo. Su argumento podría ser sencillo: si logró desarrollar proyectos con las limitaciones presupuestales de un municipio, ¿qué podría hacer con los recursos de un estado? Pero también deberá explicar sus pendientes y cómo trasladaría su experiencia al resto de Sonora.
Sin embargo, el verdadero tema está en el mensaje que construyan. Frente a Morena, con su estructura territorial, dinero regalado en forma de apoyos sociales y el respaldo de los gobiernos federal y estatal, la oposición enfrenta el reto de presentar algo más que buenos discursos. Un mensaje disruptivo que contraste la realidad con la ficción oficial y conecte con todas las clases sociales, desde las colonias populares y comunidades rurales hasta los trabajadores y empresarios.
Los recientes enfrentamientos verbales entre Colosio y Durazo abrieron una interrogante: ¿confrontación auténtica o intercambio conveniente de declaraciones? La respuesta estará en sus acciones.
Y aquí aparece otra pregunta inevitable: ¿qué tan independientes son realmente Astiazarán y Colosio frente a Alfonso Durazo? Ambos han tenido cercanía política y personal con el gobernador, lo que plantea un desafío mayúsculo. Tendrán que demostrar que tienen el habla completa, que sus posiciones no están condicionadas por compromisos políticos y que pueden cuestionar al poder sin importar a quién incomoden. Porque una cosa es competir contra Morena y otra confrontar los intereses del gobernador. La verdadera prueba llegará cuando tengan que decidir entre cuestionarlo o guardar silencio para no incomodar a quien alguna vez tuvieron cerca.
Un mensaje disruptivo no consiste en levantar la voz ni provocar escándalos. Significa confrontar la propaganda oficial con los hechos, señalar las contradicciones del poder y presentar alternativas concretas. Astiazarán tiene experiencia de gobierno que defender; Colosio, un apellido que respaldar. Ambos necesitan trascender esos atributos.
Al final, la disputa por el voto opositor pondrá a prueba su independencia política y su capacidad para conectar con los sonorenses. Pero, sobre todo, dejará una pregunta inevitable: ¿una oposición dispuesta a exhibir la realidad del gobierno de Durazo o una oposición que solamente busca sucederlo sin incomodarlo?



