El presidente de Donald Trump lanzó un mensaje que sorprendió al mundo: Estados Unidos podría comenzar a reducir sus operaciones militares contra Irán, tras semanas de tensión que han mantenido en alerta a los mercados internacionales.
A través de su red Truth Social, el mandatario aseguró que su gobierno está “muy cerca” de alcanzar los objetivos planteados en el conflicto.
“Estamos a punto de lograr nuestras metas mientras contemplamos reducir gradualmente nuestros importantes esfuerzos militares en Oriente Medio”, escribió.
La declaración llega después de tres semanas de enfrentamientos que han impactado directamente la economía global, especialmente por el riesgo en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz.
Sin embargo, el propio Trump dejó claro horas antes que no está dispuesto a frenar la ofensiva de inmediato.
“No quiero un alto el fuego. No haces eso cuando estás aniquilando al contrincante”, declaró ante medios desde la Casa Blanca.
¿Qué busca Estados Unidos?
El presidente detalló que entre sus objetivos están:
- Desmantelar la capacidad de misiles de Irán
- Eliminar su infraestructura militar
- Neutralizar su fuerza aérea y naval
- Evitar cualquier avance hacia armamento nuclear
Además, reiteró que su gobierno seguirá respaldando a aliados clave como Israel, Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos.
Ormuz, el punto más delicado
Trump también puso sobre la mesa el tema del estrecho de Ormuz, una de las rutas más importantes para el transporte de petróleo en el mundo.
Según dijo, este paso debería ser vigilado por los países que dependen directamente de él, aunque dejó abierta la posibilidad de intervención estadounidense si fuera necesario.
“Si se nos solicita, ayudaremos… pero no debería ser necesario”, señaló.
Más tropas en camino
Las declaraciones coinciden con reportes de medios estadounidenses que apuntan a un posible envío de más fuerzas militares a la región, lo que mantiene la incertidumbre sobre si realmente habrá una desescalada o si el conflicto podría intensificarse.
Por ahora, el mensaje es claro: Washington habla de bajar la intensidad, pero sin soltar la presión.



