Rusia volvió a mover piezas en el tablero internacional y esta vez el foco está en el Caribe. El gobierno de Moscú confirmó que ya prepara el envío de un segundo barco petrolero hacia Cuba, mientras el primero aún no termina de descargar combustible en la isla.
El anuncio lo hizo el ministro de Energía ruso, Serguei Tsiviliov, quien aseguró que el nuevo buque ya está siendo cargado, aunque evitó precisar fechas o cantidades. Lo que sí dejó claro es que Rusia no piensa dejar sola a Cuba en medio de su complicada situación energética.
“Ayer hubo una reunión importante con representantes cubanos. Cuba está completamente bloqueada. Un barco de Rusia rompió ese cerco. Ahora se está cargando el segundo”, declaró el funcionario.
El movimiento ocurre en un momento delicado. Apenas un día después de que el primer petrolero ruso llegara al puerto de Matanzas, desde Estados Unidos se reiteró que las restricciones siguen vigentes y que cualquier autorización para nuevos envíos será evaluada caso por caso.
Mientras tanto, el primer cargamento —unas 100 mil toneladas de crudo— sigue en proceso de descarga. Se estima que este volumen podría mantener en funcionamiento el sistema eléctrico cubano durante aproximadamente diez días, en un contexto donde los apagones han golpeado a la población.
Autoridades de la industria petrolera en Cuba detallaron que el proceso de descarga tomará alrededor de 96 horas, tras lo cual comenzará la distribución interna del combustible para su refinación.
De ese petróleo se espera obtener gas para hospitales y escuelas, gasolina para aliviar la escasez en las calles y diésel para sostener la generación eléctrica, entre otros usos esenciales.
Sin embargo, el impacto total no será inmediato. El proceso completo —desde refinación hasta distribución— podría tardar entre 25 y 35 días.
Desde Moscú, la postura es firme. Funcionarios rusos han reiterado que la relación con Cuba es estratégica y que el apoyo continuará, incluso en medio de las tensiones internacionales.
El envío de este segundo barco no solo representa un alivio energético para la isla, también envía un mensaje político claro: Rusia está dispuesta a seguir interviniendo en uno de los escenarios más sensibles del continente.



