La agencia calificadora Moody’s redujo la calificación soberana de México y la dejó en “Baa3”, el último escalón dentro del grado de inversión, una decisión que volvió a encender alertas sobre la situación fiscal y económica del país.
La firma explicó que la nueva perspectiva se mantiene como “Estable”, debido a que espera que el deterioro de la fortaleza fiscal ocurra de manera gradual y todavía pueda ser compensado por la estabilidad macroeconómica y la capacidad de respuesta de las políticas económicas mexicanas.
Sin embargo, Moody’s advirtió que el bajo crecimiento económico está reduciendo la capacidad del gobierno para generar ingresos, mientras enfrenta un gasto cada vez más rígido y mayores compromisos financieros, especialmente por el respaldo continuo a Petróleos Mexicanos.
En el reporte, la agencia sostuvo que el apoyo financiero a Pemex seguirá limitando los esfuerzos para reducir el déficit fiscal, además de afectar la consolidación de las finanzas públicas.
“A pesar de los esfuerzos por reducir el déficit fiscal, otras prioridades de política como la soberanía energética y un modelo de gasto redistributivo han debilitado las anclas fiscales”, señaló la calificadora.
Moody’s también destacó que el deterioro de las métricas de deuda ocurrió más rápido de lo que la propia agencia esperaba. Según sus estimaciones, la deuda bruta del gobierno pasó de representar 39.8% del PIB en 2023 a 49.3% en 2025.
Además, los analistas señalaron que el déficit fiscal se mantuvo cercano al 5% del Producto Interno Bruto, pese a que las autoridades mexicanas habían proyectado una reducción hacia el 4%.
La calificadora comparó la situación de México con otros países ubicados en el rango “Baa”, como Italia, Hungría, Portugal y Azerbaiyán, señalando que el país muestra ahora una mayor vulnerabilidad frente a choques fiscales.
El recorte también coloca a México en la misma posición que mantiene la agencia Fitch Ratings desde 2020, mientras que recientemente S&P Global Ratings cambió la perspectiva del país a negativa, lo que podría anticipar otro posible ajuste.
Especialistas consideran que este tipo de decisiones suelen impactar la percepción de inversionistas internacionales y generan mayor atención sobre el manejo de las finanzas públicas, el crecimiento económico y la estabilidad de la deuda.
La relación entre el gobierno mexicano y Pemex ha sido uno de los puntos más observados por calificadoras y organismos financieros en los últimos años, debido al peso que representa la petrolera estatal dentro del presupuesto federal.
Con esta nueva decisión, México acumula ya dos calificaciones ubicadas en el límite inferior del grado de inversión, un escenario que mantiene atentos a mercados e inversionistas sobre el rumbo económico del país en los próximos meses.



