Con una frase que de inmediato encendió la conversación política en Sonora, Javier Lamarque salió a cerrar el paso a las versiones de una posible ruptura en Morena si no resulta favorecido en el proceso interno para definir la coordinación estatal de los Comités de Defensa de la Transformación.
“No soy un ambicioso vulgar”, soltó el alcalde de Cajeme al asegurar que no provocará una fractura en el movimiento si la candidatura no termina en sus manos.
Durante una reunión con periodistas de Fuerza Sur Sonora, Lamarque sostuvo que respaldará a quien resulte ganador del proceso interno y dejó claro que su participación no está condicionada a una candidatura, sino a un proyecto político que, dijo, debe mantenerse unido rumbo a la siguiente etapa electoral.
“Voy a respaldar a quien gane”
En medio de las especulaciones sobre la competencia interna en Morena, Lamarque buscó mandar un mensaje de contención y disciplina partidista.
Afirmó que, si el resultado no le favorece, apoyará a quien sea designado o designada por el movimiento, y rechazó la idea de convertirse en factor de división dentro del partido en Sonora.
La declaración no es menor. En un escenario donde cada movimiento rumbo a la sucesión local empieza a leerse en clave de bloques, lealtades y jaloneos internos, Lamarque apostó por colocar sobre la mesa una postura de respaldo al proceso y de respeto al desenlace.
“Quien me puede decir que sí y que no es el pueblo de Sonora”
Otro de los mensajes que dejó durante el encuentro fue su respuesta sobre una posible intervención desde las cúpulas del poder en la decisión final.
Lamarque aseguró que ni el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, ni la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, intervendrán para definir quién encabezará el proyecto en la entidad.
“Quien me puede decir que sí y que no es el pueblo de Sonora”, afirmó, al insistir en que la decisión debe pasar por la voluntad ciudadana y no por acuerdos de escritorio.
La frase tiene peso político por dos razones. Primero, porque intenta desmarcar la contienda interna de cualquier señal de imposición. Y segundo, porque coloca el discurso de Lamarque en un terreno donde busca conectar con la militancia y con el electorado sonorense más allá de la estructura partidista.
El mensaje de Lamarque en un Morena que ya se mueve
Aunque el proceso todavía no entra de lleno en su etapa más intensa, en Sonora las señales de competencia interna ya comenzaron a multiplicarse. Los nombres, las reuniones, los posicionamientos y los mensajes públicos forman parte de una carrera que, aunque todavía no se oficializa del todo, ya empezó a mover piezas.
En ese contexto, Lamarque intenta construir una narrativa con dos ejes: mostrarse como una opción competitiva y, al mismo tiempo, evitar que su aspiración sea leída como una amenaza para la unidad de Morena.
De ahí que haya elegido una frase tan directa para fijar postura.
No fue un mensaje improvisado. Fue una respuesta pensada para cortar de tajo la idea de que, si no obtiene la candidatura, podría convertirse en un foco de conflicto interno.
Una frase que busca marcar distancia del oportunismo
Cuando Lamarque dice que no es “un ambicioso vulgar”, lo que en realidad está haciendo es trazar una línea política. Busca separarse de la imagen del aspirante que presiona, condiciona o amenaza con romper cuando los números no le alcanzan.
También intenta enviar una señal a la dirigencia, a la militancia y a sus propios simpatizantes: que su aspiración sigue en pie, pero que su permanencia en el proyecto no depende exclusivamente del resultado de una candidatura.
En política, ese tipo de mensajes rara vez son casuales. Sirven para hablarle a varios públicos al mismo tiempo: a quienes lo respaldan, a quienes compiten con él y a quienes observan desde fuera esperando señales de fractura.
La disputa apenas empieza
La carrera por la definición en Sonora todavía tiene varios capítulos por delante, pero declaraciones como la de Lamarque ayudan a dibujar el tono de lo que viene: una competencia interna intensa, con mensajes cada vez más directos y con actores buscando posicionarse sin cargar con el costo de la división.
Por ahora, el alcalde de Cajeme quiso dejar algo claro: va a participar, va a defender su aspiración y va a pelear políticamente por ella, pero no desde la amenaza de romper.
Su frase ya quedó instalada en la conversación pública. Y en tiempos de definiciones anticipadas, eso también cuenta.



