Enredos, omisiones, incongruencias, contradicciones y presuntas ilegalidades de un fraccionamiento con pretensiones campestres adelante de San Pedro El Saucito. Ahí les encargo. Lo que digo, hago o escribo es para que se sepa

Enredos

Contrario a la periodicidad de este espacio editorial, este viernes haremos un abordaje como recordatorio al tema del desarrollo inmobiliario acá pasando el puente del Río San Miguel, adelantito de San Pedro El Saucito.
Tenemos nuestro buzón retacado de mensajes, luego de “atrevernos” a subir a redes sociales las múltiples presunciones de ilegalidad, omisiones y tráfico de influencias detrás de esa obra urbanística con pretensiones de fraccionamiento campestre de alta gama.
Primero debemos insistir: este reportero tiene como norma que lo que hace, dice y escribe es para que se sepa y no somos dados a recurrir al anonimato para hacer saber cuales con nuestros puntos de vista de lo que sea, o sea, si bien estamos de acuerdo en todos los términos, el posicionamiento y la variada información en torno a ese desarrollo inmobiliario no es de nuestra autoría.
Tampoco lo es una denuncia anónima en la que ya trabaja el Órgano Interno de Control del Gobierno municipal de Hermosillo para verificar si dicho desarrollo de lujo ha cubierto la tramitología requerida en las distintas instancias de la comuna capitalina, concatenada a instancias del gobierno estatal y del gobierno federal.
Lo que nos consta y nadie nos lo ha podido refutar son muchos apuntes en los Entretelones del 12 y 13 de abril, luego de que en plena flagrancia fue demolido nuestro arco de acceso al paso de servidumbre que por más de 40 años comunica la carretera a Ures con nuestro hábitat y a este residente desde hace 24 años, el Fraccionamiento Campestre Las Granjas, así como el desmantelamiento de nuestra red de energía eléctrica para alumbrar ese trayecto de más o menos un kilómetro.
En este punto comienza el enredo. Ante esos actos de vandalismo nos fuimos a tomar fotos y datos y en eso estábamos cuando se nos apersonó un joven de nombre Víctor Paz, quien se identificó como el promotor del fraccionamiento Ágape; nos informó sobre superficies y valor de los terrenos y ante nuestros cuestionamientos del porqué de actos ilegales en contra del patrimonio del vecindario más adelante, dijo que se comprometía a reconstruir todo de inmediato y hasta mostró una maquetita digitalizada de cómo sería en poco tiempo esa puerta de entrada, tanto para su fraccionamiento como para el de donde vivimos, lo cual fue mentira como se detallará más adelante.
A distancia vimos cómo unas pipas hacían fila para llenar sus reservorios mediante una gruesa manguera conectada al tubo de descarga de un pozo, que durante algunos meses fuimos testigos de su perforación, equipamiento y aforo, con permanente presencia de personal de Agua de Hermosillo, de quienes nos enteramos que su caudal se sumaría al del acueducto Las Malvinas, en apoyo al abasto de agua potable a Hermosillo.
Le preguntamos de porqué se estaba colgando de una infraestructura propiedad de Aguah y mientras las pipas regaban con agua cristalina delante de la maquinaria pesada en tareas de nivelación y compactación y así evitar polvaredas, el mentado joven, como ya en confianza, nos informó que la paramunicipal perforó y equipó ese pozo sin la autorización de la anterior dueña del predio y por ende, lo explotaría para su beneficio o bien, que Aguah se lo llevara a otra parte.
Incluso consideró que no tendría problemas con alguna reacción del ayuntamiento de Hermosillo dados los compromisos y proyectos político-electorales del presidente municipal, Antonio Astiazarán Gutiérrez, de quien dijo, no convenirle un escándalo.
En los Entretelones del 12 de abril hicimos la relatoría correspondiente y rápido se nos hizo el reclamo de derecho de réplica vía Leopoldo Martínez Moreno y el director de Ingeniería y Operaciones José Rosario Pablos Gutiérrez de la citada paramunicipal, para aumentar el enredo.
Contrario a los dichos de Víctor Paz, nos informaron que dicho pozo es una reubicación de otro ya fuera de operaciones en el fraccionamiento Ribera del Pitic y que maquinaria y logística para perforar acá cerca fue con cargo a las finanzas del empresario José Coppel y que la presencia de personal de Aguah en el lugar solo fue con fines de supervisión técnica.
Les hicimos saber de nuestra extrañeza de que tales detalles tan importantes no fueran del conocimiento del chavalo que saca la cara como propietario del desarrollo inmobiliario y de sus amagos de apropiárselo por haber sido perforado sin autorización; informaron de las gestiones durante meses con la anterior dueña para que autorizara la perforación y ante un vacío de interlocución la obra se realizó y concluyó pocas semanas antes de la operación de compraventa del predio de 14 hectáreas.
En este enredo, resulta confuso como es que Aguah andaba haciendo gestiones para perforar un pozo propiedad de un particular, supuestamente; cómo es que el desarrollador no sabía cómo estaba la cosa e incluso dijo que se lo había apropiado, por ser ilegal.
También factor de enredo, es cómo es que se asegura que es uno reubicado de Coppel, si durante el cafecito con los funcionarios de Aguah, minutos después advirtieron que exigirían paso de servidumbre y superficie suficientemente amplia para operaciones, en un contexto de múltiples contradicciones e incongruencias en torno a ese pozo del que millones de litros de agua cristalina son utilizados para evitar polvaredas, sin que se observe algún medidor o se prevea un coste para el fraccionador por esa agua y por el gasto de energía eléctrica para mantenerlo encendido.
Todo lo anterior es lo que nos consta y nadie estaría en condiciones de refutarnos y más bien, debería ser obligatorio para los involucrados hacer las aclaraciones y precisiones del caso, porque tampoco podemos descartar que seamos duros de entendedera y por ello sería bueno abundar en el tema.
Otra cosa, y a fin de cuenta no es de nuestra competencia aunque sí motivo de preocupación, el que se construya sobre el gasoducto que abastece al parque industrial, Planta Ford y anexas, así como a colonias de Hermosillo, o la devastación de mezquite, palo fierro, palo verde y demás flora, sin que se sepa si se tramitó el dictamen de impacto ambiental y vamos, si el ayuntamiento autorizó el cambio de uso de suelo, o bien, si la SICT autorizó un entronque con la carretera a Ures, ahí donde se pretende reubicar nuestro paso de servidumbre, luego de ser despojados del que por más de 40 años lo fue.

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