EL GRUPO POLÍTICO QUE APOYA a Célida López, quizá los padrecistas, debe estar festejando una indudable victoria táctica, que no la guerra, esto tras la virtual petición de licencia a la alcaldía de Cajeme por parte de Javier Lamarque, quien en las formas ya tenía la candidatura de Morena a la gubernatura de Sonora en la bolsa según fue posible palparlo en la última visita de Sheinbaum entre el 8 y 10 cuando cerró su gira precisamente en Obregón festejando el Día de las Madres. https://n9.cl/98gs9
De entonces a la fecha, el único acontecimiento capaz de originar este apresuramiento —pues no había pautas previas para presuponer tal decisión—, fue la publicación del martes en El Universal de la encuesta de Enkoll, la cual colocó a ambos personajes en un empate técnico con 26 puntos.
Con base en estos resultados, es factible suponer que operadores de distintos niveles lo convencieron de meter el acelerador para asegurar la Coordinación Estatal de Defensa de la Cuarta Transformación (antesala de la candidatura oficial). Esa misma posición que él mismo señaló con soberbia a mediados de abril que estaba asegurada. Con este movimiento Lamarque da pie a sembrar la semilla de la duda, lo cual ahuyenta en automático a los grandes patrocinadores y aliados.
Podemos deducir que la licencia programada —según trascendió, para el dos o cuatro de junio— busca justificar una serie de eventos en el centro y norte de Sonora para “amarrar” las encuestas internas de Morena. Sin embargo, esto representa un grave error de cálculo estratégico político: Lamarque no requiere renunciar a la alcaldía para dejarse ver. De hecho, ya venía realizando eventos como alcalde en esos municipios bajo la narrativa de enfatizar y compartir lo que se ha hecho en Obregón.
A ello hay que sumarle el peligro de dejar el búnker desprotegido. Al abandonar Cajeme para salir a buscar simpatías en territorio ajeno, Lamarque desviste su principal activo político que puede caer con mayor facilidad ante los embates propios de todo municipio en junio cuando el calorón deja sin agua a decenas de colonias, sin contabilizar otras problemáticas que el interino no podrá resolver y cuyas culpas recaerán en Lamarque, lo quiera o no.
En el pragmatismo de la Ciudad de México la moneda está en el aire y la dirigencia se enfrenta al dilema de elegir entre dos sopas: la lealtad histórica del fundador del sur que hoy luce estancado, o la rentabilidad electoral de una operadora todoterreno que, de la mano de las estructuras tradicionales del centro, le ofrece a la 4T los votos urbanos que la izquierda nunca ha podido consolidar por sí misma.
Las fechas internas de Morena apuntan al 22 de junio para lanzar la convocatoria y, tras un rápido escaneo, definir al ganador. Por eso la pregunta obligada es: ¿En serio pensará que giras exprés en San Luis Río Colorado, Nogales, Puerto Peñasco, Hermosillo, Caborca, Cananea y Agua Prieta lograrán levantar sus momios en escasos 20 días de apresuradas manifestaciones?
¿Acaso nadie en su cuarto de guerra le advirtió que, una vez convertido en ciudadano común, corre el riesgo latente de ser denunciado por actividades anticipadas de campaña? Y ojo: el fuego vendría tanto de los morenistas que le juegan las contras como de los partidos de oposición que caerían de inmediato en el juego impulsado por Célida y su equipo
El riesgo es altísimo. Lamarque se colocará en automático bajo el ojo fiscalizador de la autoridad electoral, de la sociedad y de sus opositores en todos los rubros: vigilarían desde el origen del financiamiento de sus actos hasta la renta de las sillas, mesas y accesorios. Esto sin contar que bajo ninguna circunstancia se podrá mencionar la palabra “candidato” ni mucho menos colocarla en una manta.
Aunado a ello está la demostración de costos de diversa índole. Si el fuego amigo y la oposición le llegan a sumar cientos de demandas ante el Instituto Estatal Electoral, sus posibilidades de transitar hacia la Coordinación se achicarán peligrosamente. Y en ese escenario de vulnerabilidad jurídica, ni su amiga Sheinbaum lo va a poder rescatar.
No obstante, el alcalde cajemense todavía tiene una ventana de oportunidad si analiza con frialdad los pros y contras: todo este entramado negativo y el inminente desgaste jurídico pueden revertirse si da marcha atrás a la petición de licencia. Si decide recular, quedarse atrincherado en su búnker del sur y operar desde la legalidad e investidura de su cargo constitucional, desinflaría de golpe la trampa opositora y obligaría al bloque de Célida a replantear una estrategia que hoy depende exclusivamente de verlo desgastarse en campo abierto.
Por otro lado, en su desesperación por la encuesta de Enkoll, a Lamarque se le olvidó un detalle elemental: el dueño del estado sigue siendo el gobernador Alfonso Durazo, a quien con casi total certeza no le pidió permiso ni la bendición para anunciar esta licencia de emergencia pues no se ve que el ejecutivo le haya dicho, sí, pide licencia. Nunca lo haría pues sería tanto como decirle que es necesario lo cual no es cierto por las señales de Sheinbaum en su quinta visita al estado.
Con este desaire, el alcalde abre un frente innecesario con Palacio de Gobierno, ignorando que el mandatario estatal tiene sus propios intereses y dados cargados para favorecer a la senadora Lorenia Valles, una ficha que se mantiene en la sombra, pero que ante el mutuo desgaste entre Célida y Lamarque, emerge formalmente como la tercera en discordia lista para quedarse con la posición.
En suma, Javier Lamarque ha cambiado el ajedrez por el boxeo de sombra, respondiendo con decisiones tomadas desde el estómago a un golpe de percepción mediática. Si el alcalde insiste en formalizar su licencia la próxima semana, habrá entregado su búnker, dinamitado su relación con el principal piso de Palacio de Gobierno y saltado al vacío jurídico del norte sin red de protección.
Al final del día, la soberbia de abril se convirtió en el pánico de junio; un tropiezo estratégico de manual que podría dejar al histórico fundador de Morena sin la joya de la corona del sur y viendo la encuesta estatal desde la llanura de la derrota prematura. Se quedaría pues, como el perro de las dos tortas.
EN FIN, por hoy es todo, el lunes le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
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