Se presumió tanto que por fin es realidad. El paso a desnivel del Colosio fue inaugurado y el evento se llevó a cabo con bombo y platillo. A los detractores del Toño les molestó de más. Se quejan de que costó más de lo presupuestado en un inicio, como si las obras federales de los últimos dos sexenios no se hubieran disparado a un sobreprecio monumental; que si no resuelve de fondo el problema de vialidad, como si la que fue alcaldesa de su partido hubiera propuesto y realizado grandes soluciones; que si ese cruce era innecesario, como si no sirviera de nada una obra bien hecha.
Y es que el mayor triunfo del Toño fue la ejecución: bien hecha, a tiempo y, técnicamente, hasta el momento, sin ningún problema. El evento de inauguración fue una declaratoria política. El alcalde logra, a pesar de los obstáculos, mejorar Hermosillo. Su visión de ciudad es moderna, con buena estética y con capacidad de gestionar recursos.
Es verdad que la obra es más simbólica que pragmática —en política el símbolo pesa más que la realidad—; de hecho, como dicen por ahí, la forma es fondo. Los problemas de movilidad y vialidades en la capital son complejos; los pasos a desnivel alivian la carga en ciertas zonas, pero no resuelven de fondo el problema. Pero también es de sabios reconocer que el Toño contrasta con otros alcaldes del estado que no son capaces de hacer algo así, o mínimamente decente, por su ciudad. Sin apoyos estatales ni federales, el Toño se las arregló para generar un símbolo que marcará su segundo periodo como alcalde. Él sí hace, con o sin ayuda de otras dependencias; en cambio, otros obedecen, se conforman con las reducciones presupuestales y calientan el asiento para estar a disposición de sus líderes partidistas.
Llaman la atención las filas de hermosillenses por estrenar el paso a desnivel. Se presume como una obra propia de una ciudad moderna, pero la actitud es de ciudad chica: se convirtió en todo un evento cultural. Como si nunca hubiéramos visto algo así en Hermosillo. Y puede que sea verdad. No ha habido obras viales tan bonitas hechas por el municipio, lo que reafirma que Hermosillo todavía no es una ciudad de vanguardia. Hasta Pachuca ya cuenta con Metrobús, pero por el bien de todos, esperamos que Hermosillo se dirija a ese rumbo.


